sábado, 3 de septiembre de 2011

Rasputín y los Romanov 11º Parte











El tío de Nicolás solicita a su sobrino que vigile los movimientos de su esposa si no quiere tener un disgusto. Pero el Zar no tiene el valor suficiente para enfrentarse a la Zarina o cuestionarla, después de todo siempre fueron un matrimonio muy unido, uno de esos matrimonios por amor que muy poco abundan en la realeza, ya que la mayoría son por conveniencia.

Alejandra cada vez harta más al pueblo, ahora exige que el día de la Resurrección de Cristo se rinda homenaje a Rasputín, dice que Grigori lo merece por el calvario que está pasando, comparándolo con el que paso Cristo. Así lo expresa en una carta a su esposo:

Siempre que aparece un siervo de Dios, la maldad prolifera a su alrededor, intentan perjudicarle, apartarle de nosotros. Nuestro Amigo sólo vive para su Emperador y para Rusia, y tiene que soportar toda clase de calumnias por nuestra culpa. Es bueno y generoso como Cristo.


Los políticos poco a poco plantan cara a la Zarina y se niegan a cumplir con sus ordenes, o lo que es lo mismo, las de Rasputín. La rebelión de los políticos fue solo el paso anterior a lo que la madre de Nicolás, María, había ya augurando mucho antes.




La revolución y el asesinato de Rasputín:



El pueblo no soportaba más la pobreza de Rusia y las numerosas muertes (cientos de miles) en la guerra a la que les había llevado el Zar, en opinión del pueblo, por dejarse influenciar por Rasputín, quien casi todo el mundo pensaba que era espía alemán que conspiraba junto con la Zarina contra el pueblo Ruso. Los atentados eran diarios y en uno de ellos murió el tío del Zar. El Gran Duque Sergio fue asesinado en Moscú donde ejercía como gobernador general, cuando salía del Kremlin. En San Petersburgo las bombas no paraban de sucederse día tras día.



El Gran Duque Sergio, tío del Zar Nicolás II



En 1917, a penas días después de la muerte de Rasputín, empezó la Revolución. En enero hubo huelgas y manifestaciones de protesta. El 8 de marzo hubo motines por la escasez de pan. Dos días más tarde, la policía disparó contra la multitud, que repetía, como un cántico: "Muerte a la alemana." El regimiento de Volinski se rebeló y otros le siguieron; aparecieron barricadas en las calles. La Duma sancionó la formación de un gobierno provisional. Cuando el zar trató de salir del palacio, los soldados se lo impidieron con sus rifles, diciéndole: "No puede irse, señor coronel." Había esperado demasiado tiempo antes de seguir el consejo de Rasputín de que fuese prudente y pensara en su seguridad.



El príncipe Félix Yusupov


Para intentar salvar a la dinastía y evitar más muertes y la caída de Zar, la familia imperial, en concreto el primo del Zar, Dmitri Pavlovich y el príncipe Félix Felixovitch Yusupov además cuentan con la ayuda de un diputado de la Duma llamado Vladimir Purishkevich que lleva mucho tiempo tramando el asesinado de Grigori.

Félix, era un chico muy inteligente y seis meses antes de cometer el crimen, decidió tantear a Rasputín para asegurar el éxito de la misión.


Los dos se habían visto ya anteriormente en casa antigua prometida de Yusupov, Munia Golovina, ahora fiel seguidora de Rasputín. Yusupov visitó a Rasputín en su domicilio.
Esperaba a Grigori sentado y al verlo llegar se levantó de un salto y, para asombro de Rasputín, rompió a llorar. Rasputín puso su mano en el hombro de Yusupov en actitud consoladora.

-Vamos, vamos, amigo, siéntese y cuénteme sus problemas.

Mientras Yusupov sollozaba en su hombro, Rasputín tuvo una ráfaga de perspicacia. Lo empujó suavemente hacia un sillón. Yusupov se sonó violentamente la nariz.

-He pasado toda la semana tratando de verle, pero usted estaba siempre en palacio.

-Bueno, pues hablemos ahora. Se trata de su matrimonio, ¿verdad?

Yusupov lo miró sorprendido.

-Sé cuál es el problema.

-¿Ah, sí? Yusupov se preguntaba evidentemente si hablaban de lo mismo.

-¿Cuánto tiempo hace que sabe que... prefiere a los hombres?

Yusupov suspiró aliviado. Volvió a sonarse la nariz para evitar las lágrimas.

-Creo que desde pequeño. Pero luché contra ello. Ahora... ya no quiero luchar.

Hablaron durante más de una hora. Rasputín no sabía nada de la homosexualidad, pero su comprensión y su calidez dieron a Yusupov la impresión de que lo comprendía. Cuando las dos hijas de Rasputín llegaron, Yusupov se fue.

María comentó:

-Es muy apuesto. Pero hay algo extraño en él.

-Tiene hielo en los ojos -señaló Daria.

-Tiene problemas. Al menos, eso piensa él... -explicó Rasputín.

Esa noche Grigori, fue al Villa Rode y bailó al son de la música gitana. A la tercera botella de vino, se quedó dormido.

Días después Félix se presentó desnudo, sin avisar ni ser invitado en el cuarto donde Rasputín solía "atender" a sus seguidoras, pedía que Rasputín curara su homosexualidad (podéis imaginar como quería el príncipe que le curaran...), Grigori no está por la labor y se produce una incómoda escena y el príncipe coge sus ropas violentamente y se marcha. A raíz de aquello Félix decide que es el momento de culminar su plan y decide llevar a cabo el asesinato en un entorno controlado, su propia casa.

El 14 diciembre de 1916, por la tarde, María le informó:

-Félix llamó por teléfono. Dijo que llamaría más tarde.

Yusupov volvió a llamar.

-Grígori, quisiera disculparme.

-¿De qué?

-¿No está enfadado conmigo?

Yusupov estaba utilizando su tono de "niño bueno" y esto enfadó a Rasputín, que se controló y contestó:

-Claro que no.

-¡Ah! Me alegro tanto. ¿Quiere conocer a Irina?

-Sí.

Rasputín no conocía a la esposa de Yusupov, una joven sumisa y extremadamente bella.

-Regresa mañana de Crimea. ¿Podría venir a cenar con nosotros? Sería una cena tardía.

-¿Como a qué hora?

-¿A media noche?

-Supongo que sí. Si viene a buscarme usted.

-Por supuesto.

-Entre por la escalera trasera. Diré al guardián que le abra la puerta.


Rasputín que en cierta forma intuía su fin, aunque no conocía a manos de quien, escribió una carta a la familia imperial, una despedida que leeremos más adelante.




Félix y su esposa Irina


Anna supo de la invitación de Yusupov y rogó a Rasputín que no fuera, los rumores de otro intento de asesinato contra Rasputín no eran un secreto en Rusia. Pero Rasputín no ve al joven príncipe como una amenaza, y la invitación de conocer a su bella mujer lo atraen demasiado como para cambiar de idea y rechazar tan jugosa invitación. Protopopov otro amigo de Rasputín, alertado por Anna, también le llamo y le aviso de los rumores y el riesgo que corría, pero tampoco consiguió disuadirle.

Cuando Yusupov llegó, poco después de la medianoche, Dunia (la última en rogar a Rasputín que no se marchara aquella noche) dormía en su sillón y las chicas estaban acostadas. Rasputín salió silenciosamente.

Yusupov parecía abatido y estaba pálido. Llevaba un enorme abrigo de piel y una gorra de piel con orejeras.

-¿Por qué está tan tapado? -inquirió Rasputín.

-¿No estuvimos de acuerdo en que sería un secreto?

-No es precisamente un secreto. Protopopov me llamó y me dijo que pensaba usted matarme.

-¿Qué? Yusupov estaba horrorizado y Rasputín se rió a carcajadas. Entraron en el coche. Yusupov miró por la ventana trasera antes de emprender el trayecto. Rasputín, que se había sentido extrañamente intranquilo, se relajó repentinamente.



Rasputín, poco tiempo antes de su muerte


Félix relata lo siguiente: De pronto, me sentí abrumado por una infinita piedad hacia aquella persona, sentí desprecio por mí mismo. Me preguntaba cómo podía haber concebido aquel crimen tan vil. Contemplé horrorizado a mi confiada víctima.


Por otro lado Félix piensa en los poderes de Rasputín, si es vidente, ¿por que acude a la cita?

Diez minutos más tarde, se llegaron a la casa de Yusupov. Hacía poco que se había mudado y había todavía postes del andamiaje en la calle. La música de una banda de jazz norteamericana flotaba en el tranquilo y frío aire.


-¿Qué pasa? ¿Dais una fiesta?

-No. Mi mujer invitó a unos amigos. Iremos al comedor y tomaremos el té.

Yusupov le precedió, bajando por las escaleras recién alfombradas hasta el sótano. Rasputín miró a su alrededor con curiosidad. Esta habitación había sido también pintada y amueblada recientemente.

En la estancia había una mesa con bocadillos, pasteles y bebida (todo repleto de veneno).

-¿Té? ¿O prefiere vino?

-Ninguno de los dos. Esperaré hasta que baje su esposa.

-Entonces, ¿qué desea?

-Que toque algo en la guitarra.

Mientras Yusupov tocaba una melodía húngara, Rasputín se paseó por la estancia. Examinó atentamente una enorme vitrina antigua, abrió la puerta y miró sus múltiples compartimentos y estantes. La música de arriba había cesado. Yusupov dejó de pronto de tocar. Al ver que Grigori no toca ni el vino ni los pasteles, que están llenos de cianuro, decide ir a por su pistola.

-Iré a ver si Irina está lista. ¿Por qué no come un poco de pastel?

-No, gracias. No me gusta el pastel.

-¿Vino dulce?

- No

Al regresar al salón empuñando el arma, Félix relata:

Grigori me miró con sorpresa y casi con miedo. Se diría que había leído en mis ojos algo que no esperaba. Levanté la pistola con un movimiento deliberadamente lento. Rasputín permanecía de pie frente a mi sin moverse...sus ojos fijos en el crucifijo...Disparé. Él empezó a aullar con una voz salvaje, brutal, luego se desplomó pesadamente sobre la piel de oso.




Continuará...





Bibliografía:




Santos Bosch: Rasputín
Ediciones G.P. Barcelona 1936.


Colin Wilson: El mago de Siberia.
Editorial Planeta, S.A... 1990.


Alejandra Vallejo-Nágera: Locos de la historia.
La Esfera de los Libros, S.L. 2007.




Imágenes procedentes de: wikipedia.org


http://www.cosmeo.com/

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