viernes, 26 de agosto de 2011

Rasputín y los Romanov 8º Parte




Ya estoy de vuelta por fin, os compensaré mi ausencia agregando este fin de semana las siguientes partes de la biografía de Rasputín, en cuanto termine seguiré con las entradas semanales como suelo hacer. Ante todo daros las gracias por los ánimos y el interés y pediros disculpa por la espera.



Ya somos casi un centenar en la comunidad de Facebook (97) y hemos superado las 9000 visitas, sin vosotr@s esto no sería posible, millones de gracias por leerme :)




Continúa la caída:








A pesar de tener muchos avisos a su alrededor, y de salir triunfante de todas las ordenes de destierro, pronto empezará a escapar la situación de las manos de Rasputín. Hablar con la Zarina para limpiar su imagen, al menos ante la familia imperial le resulta sencillo, pero cuando toda Rusia empieza a tensarse y a sentirse la revolución, el gobierno decide poner cartas en el asunto, piden ayuda a un antiguo amigo de Grigori, Iliodor, que acepta encantado desde la lejanía, para vengarse todo lo que puede.


El monje además, en ningún momento deja de recordar a todos su magnífica relación con la familia imperial:

El Zar cree que soy Cristo reencarnado, los emperadores se inclinan ante mí, se arrodillan ante mí y me besan las manos. La Zarina ha jugado que si los demás me dan la espalda, ella no se moverá y me considerará siempre su amigo.

Discursos como esto salen constantemente de la boca de Rasputín, aunque son completamente ciertos.



Cuando cuentan a Iliodor que Rasputín besa frecuentemente a la Zarina delante de sus hijas sus ojos se abren como platos. No se concreta en qué lugar la besa, ya que hay obvia diferencia entre las mejillas, la frente y la boca, por aquellos tiempos, sin duda, se interpretaba de la peor de las maneras.

Iliodor cree que Rasputín ha perdido el juicio, le queda aún leer algunas de las cartas que el gobierno tiene de Alejandra:

¡Cuánto añoro tu presencia junto a mí! ¿Dónde estás? ¿Dónde has ido? ¡Oh, estoy tan triste y mi corazón te echa tanto de menos! ¿Volverás pronto a mi lado? Ven enseguida, te espero, me atormento sin ti. Te amo. Siempre tuya, Mamá.


Con toda esta información y por supuesto gracias a Iliodor y otros enemigos de Rasputín, la situación estalla y los periódicos publican las cartas, tanto de Alejandra como de las cuatro Grandes Duquesas, lo que escandaliza a todo el pueblo ruso.


Si el pueblo en general nunca aceptó a la Zarina, con esto ya tienen la excusa perfecta para dedicarle lindezas como, "Esa alemana traidora que se acuesta con ese borracho fornicador, seguro que ha robado su sitio en el lecho al Zar". El pueblo está convencido además de que Rasputín ha violado a las Grandes Duquesas, recordemos que ya habían sido varias cuidadoras despedidas por encontrar a Rasputín muy cerca de las niñas, incluso un hombre dice haber visto a Anastasia sentada en las rodillas de Rasputín de forma pecaminosa.

Por su parte la familia imperial no dice nada al respecto, si bien es cierto que saben de sobra la actitud promiscua de Rasputín y sus prácticas purificadoras, ha salvado al pequeño Alexei muchas veces, enseña a las niñas valores religiosos, y proporciona una gran paz espiritual a Alejandra, que se siente enormemente culpable por transmitir a su hijo la enfermedad de la hemofilia, provocarle un terrible dolor a causa de ello y robarle su niñez, ya que no puede jugar como sus hermanas.



En 1910, en la academia de Teología, dos mujeres denuncian a Rasputín por haber abusado de ellas, no es la primera vez que ocurre. Por estos y otros motivos (como que es llamado padre Grigori), la iglesia intentó contactar con el zar que se negó, incluso pidió al ministro y a otros del gobierno que no le hablaran más de Grigori. Así pues como ya relaté anteriormente, Rasputín fue convocado y excomulgado, la iglesia le dio por completo la espalda. A parte de revocar y desterrar a Hermógenes e Iliodor, también fue sentenciado por orden de Alejandra el propio Teófano.

Ya mencionamos la caída de Kokovtsov y Stolpyn tras mandar a Rasputín al destierro o al menos intentarlo.




El primer ministro Piotr Stolpyn



Vale la pena mencionar la suerte que corrió Stolpyn, a raíz de su enfrentamiento con Grigori, este decide no dejarle tranquilo. Tras la conversación del destierro, Rasputín decide que será prudente dejar la capital unos escasos días, elige ir a Kiev, donde sabe que los Zares y dos de las Grandes Duquesas van a inaugurar una estatua conmemorativa de Alejandro III, padre de Nicolás. El monje sabe también que Stolpyn les acompañará. Cuando la procesión imperial cruza las calles, justo cuando pasan los Zares y el primer ministro, Grigori salta y agita las manos gritando y señalando a Stolpyn: "¡La muerte le persigue! ¡La muerte va tras él!"


La noche siguiente, en la ópera, un personaje vestido de negro se acerca a Stolpyn, saca un revolver de su abrigo y dispara dos veces contra el pecho del primer ministro. El pobre hombre mira a los zares, se santigua y cae, muerto casi en el acto, en el suelo.


A los pocos días un primo del Zar oye a Alejandra decir que: "Aquellos que ofenden a Dios criticando a nuestro amigo, pueden despedirse de la protección divina".
Sin duda una frase que invita a la reflexión, ¿estaba preparado el asesinato por algún conocido de la Zarina y Rasputín? o ¿fue a manos de algún revolucionario?, desgraciadamente no podremos saberlo, cada uno podemos pensar lo que creamos más lógico. Se sabe que quien lo mató era un radical llamado Dmitri Bogrov. Le sucedió en su puesto de primer ministro Kokovtsov, ya mencionado anteriormente.


Como nos ocurre a nosotros, también pasó en San Petersburgo, a raíz del asesinato quedaron divididos en los que creía que directamente Rasputín tenía algo que ver, y los que defendías su inocencia y dicen que es un excelente adivinador, un visionario.


Después de este suceso Rasputín viajó a Tierra Santa y se quedó allí durante un año, sin duda para salvaguardarse y de paso, cesar los rumores y acusaciones.


A su vuelta los Zares y otros nobles parecen haber olvidado todas las fechorías atribuidas a Grigori y hacen cola para escuchar sus andanzas durante su ausencia.


Aún así el rumor de que Rasputín y Alejandra son amantes se aviva pronto por el comportamiento de ambos.





Los padres del Zar, María y Alejandro III



La madre de Nicolás, María, que no soporta a Alejandra comenta lo siguiente:

Mi nuera me detesta, está convencida de que estoy celosa, no percibe que solo me preocupa la felicidad de mi hijo. Intuyo que nos enfrentamos a una catástrofe, pero mi hijo sólo escucha a los aduladores sin darse cuenta de lo que ocurre a su alrededor. ¿Por qué nadie le previene? ¿Es acaso demasiado tarde?

La pobre mujer realmente supo ver la situación, pero los Zares no querían y se negaban a ver los numerosos avisos de su alrededor.

Además, la antigua Emperatriz agrega;

Alejandra no se da cuenta de que está descarriada y va a arrastrar consigo a la dinastía. Cree de buena fe en la santidad de ese aventurero, y nosotros, impotentes, no podemos hacer nada para evitar una catástrofe que ya parece inevitable.

Sin duda María Feodorovna fue una gran mujer con una gran inteligencia.


Rasputín, para intentar recuperar la fama de sus inicios, intenta hacerse sacerdote, pero le resulta imposible memorizar los Evangelios. Se dice que lo suyo más que el sacerdocio, era sin duda el teatro.





Continuará...








Bibliografía:






Santos Bosch: Rasputín
Ediciones G.P. Barcelona 1936.




Colin Wilson: El mago de Siberia.
Editorial Planeta, S.A... 1990.




Imágenes procedentes de: wikipedia.org

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