jueves, 9 de junio de 2011

Rasputín y los Romanov 4º Parte



Continuando con la historia de Anna Vyrubov:








En muy poco tiempo Anna consigue integrarse por completo en la familia real, ejerciendo una gran influencia en la emperatriz, acompañando a la familia imperial tanto en palacio como en paseos por el bosque o en los viajes en yate.



Un embajador francés (experto en moda) describe a Anna de la siguiente manera:


Ninguna otra amiga de la familia imperial es tan vulgar. Ella es rechoncha, de constitución ancha y basta; tiene un pelo grueso y brillante, el cuello gordo, rostro inocente, sonrosado, mejillas brillantes, ojos claros y luminosos y presenta unos labios, en fin, abultados y carnosos. Se viste siempre de un modo ordinario, plagado de adornos inútiles que le dan aspecto de provinciana. Maurice Paléologue, citado por G.King, p.180


A pesar de sus familiares, Anna no pertenece a la clase social alta y viéndola junto a la Zarina podría bien parecer la niñera de las grandes duquesas y el zarévich. Anna, al igual que Rasputín y Nicolás II, dará siempre la razón a la emperatriz Alejandra, tanto si la tiene como si no.







Anna a la izquierda, junto con su hermana menor.



La Zarina, preocupada porque su amiga preferida aún sigue soltera, decide hacer de casamentera y buscarle un esposo. El seleccionado es Alexander Virúbova, un oficial de la marina que había combatido en la guerra contra Japón; el hombre, como Anna, es soltero y no demasiado joven.

Por orden de la emperatriz, contraen matrimonio sin noviazgo preliminar, completamente a ciegas, algo que trae horribles consecuencias.

Los zares hacen de padrinos en la boda y despiden a los recién casados, en la misma tarde se dirigen a su luna de miel, Alejandra decide consultar a Rasputín si la pareja será feliz. Grigori se retira a un rincón, se arrodilla frente a un icono, reza, piensa en Anna y vuelve frente a la emperatriz, Dios le ha dado la respuesta, el matrimonio será muy desgraciado.

Tras unos breves meses de convivencia, Anna le confiesa entre lágrimas a la Zarina lo desdichada que se siente. Su marido resulta ser, además de homosexual, alcohólico y maltratador. Siente verdadero pánico cuando escucha a su esposo caminar cuando va entrar en su casa, para no volverse loca por el pánico y las palizas continuas decide separarse.

Con la predicción acertada sobre el destino del matrimonio Virúbova, Rasputín convence completamente tanto a Anna como a la emperatriz de sus poderes divinos.

Virúbova se convierte en una de las mayores seguidoras de Rasputín. Organiza reuniones en las que se adora e idolatra a Grigori hasta la nausea.

En las reuniones Rasputín profetiza, reza en grupo, otorga perdones y regaña de forma paternal a las asistentes.

Sus seguidoras compiten por tenerlo bajo su techo.


Aunque él no pide dinero, sus fans no paran de dárselo, en esa ocasión decide gastarlo en hacerse una mansión en su pueblo Pokróvskoie, de estilo similar en las cuales se aloja en San Petersburgo. Una casa así pronto destaca entre tanta pobreza del resto de la aldea. Todo el mundo admira y respeta al gran Rasputín.


Cuando de vez en cuando vuelve a su pueblo para ver a sus familiares, el pueblo le recibe agolpado en la estación de tren, en medio de vítores, la gente llora de la emoción.


Todos miran la cruz de oro y diamantes que Nicolás II le ha regalado por la ayuda prestada al pequeño Alexis.


Las visitas en San Petersburgo por parte de Rasputín a la familia imperial aumentan. Para intentar evitar los rumores y habladurías, piden a Grigori que entre por una puerta trasera, ya que hay un libro que registra todas las visitas de la entrada principal.


Los zares ya se refieren al monje como "nuestro amigo".





Grigori con el zarévich Alexis, Alejandra y Anna a su izquierda, a su derecha las grandes duquesas Olga, María y Anastasia.



Sus visitas siempre suelen ser iguales, primero habla un rato con sus majestades imperiales, después juega con el zarévich y al terminar reza. Por último acompaña a las grandes duquesas a sus habitaciones para dormir, estando en camisón y reza con ellas. Esto alarma a los empleados que no lo ven con buenos ojos.

Las damas de honor no entienden como Rasputín tiene permiso para acompañar a las bellísimas hijas de Nicolás Alejandra en momentos tan íntimos como son la hora de dormir, deciden quejarse para preservar la dignidad y seguridad de las pequeñas. Pero la emperatriz no cree en absoluto que Grigori sea una amenaza y las quejas de sus empleados le molestan y ofenden profundamente. La doncella entonces acude al Zar, que le contesta:

¿De modo que tú tampoco crees en la santidad de Grigori Yefímovich? ¿Y si te dijera que he sobrevivido a estos años difíciles gracias a sus oraciones?




Las niñas confían ciegamente en Rasputín y en sus padres y no perciben ningún oscuro propósito en su "salvador".


De hecho le escriben cartas llenas de afecto, una pequeña muestra:

Te echo mucho de menos y no tengo a nadie a quien contarle mis penas, ¡y tengo tantas penas! Te beso las manos. Te quiere, Olga (catorce años).

La carta de Tatiana es aún más "impactante", ya que la niña cuenta tan sólo con doce años:

Sin ti todo es tan triste...Beso tus santas manos...Siempre tuya, Tatiana.

María con diez años escribe lo siguiente:

Por la mañana, cuando me levanto, saco de debajo de la almohada el Evangelio que me regalaste y le doy un beso. Es como si te lo diera a ti.

La pequeña Anastasia de ocho años, le pide a Rasputín lo siguiente:

Trato de ser buena, como me pediste. Si te quedas siempre con nosotras seré buena siempre.





El milagro:





La confianza total y la cálida acogida que muestra la familia imperial a Rasputín incrementa con el éxito que tiene el monje con el Zarévich en 1907. La hermana de Nicolás II es testigo del suceso de Tsárskoie Seló, lo relata de la siguiente forma:



El pobre niño yacía dolorido, sus ojos rodeados de oscuras orejas, todo su pequeño cuerpo retorcido y su pierna terriblemente inflamada. Los médicos no podían hacer nada, estaban más atemorizados aún que cualquiera de nosotros, susurraban entre ellos. Se estaba haciendo tarde y me rogaron que me fuera a mis habitaciones. Entonces Alix (Alejandra) envió un mensaje a Rasputín que estaba en San Petersburgo. Llegó al palacio hacia media noche o algo más tarde. Por entonces yo estaba en mi dormitorio y por la mañana temprano Alix me requirió en la habitación de Alexei. No podía creer lo que veían mis ojos. El pequeño no solo estaba vivo, sino bien. Estaba sentado en la cama, la fiebre había desaparecido, los ojos claros y brillantes, y sin ningún signo de inflamación en su pierna. Más tarde supe por Alix que Rasputín no había tocado al muchacho, sino que simplemente había permanecido rezando a los pies de la cama.




En ese mismo momento la Zarina ya no duda que es un enviado de Dios, los zares prohíben que el suceso salga de palacio pero los empleados están tan impresionados que no tardan en contarlo y el milagro se sabido por todos. Miles de persona se agrupan para ser curados o bendecidos por "el visionario" como le llaman muchos.





Grigori Rasputín






Continuará...








Gilbert Maire: El asesinato de Rasputín
Ediciones Urbión, S.A. diciembre 1983.




Alejandra Vallejo-Nágera: Locos de la historia.
La Esfera de los Libros, S.L. 2007.




Imágenes procedentes de: wikipedia.org

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