jueves, 31 de marzo de 2011

Erzsébet Báthory 4ª Parte

Advertencia: las partes cuarta y quinta de este relato, son especialmente explícitas y sangrientas, no recomendable para gente sensible, si es vuestro caso, pasad directamente a la sexta parte, gracias :)


Comentamos la semana pasada, que cuando Darvulia llegó al castillo traída por Jó Ilona, con sus conjuros y docenas de gatos negros que rondaban por la casa y que al párroco de Csejthe no hacía ninguna gracia.
A parte de Darvulia, Dorkó y Jó Ilona, había alguien más en el séquito monstruoso que siempre seguía a Erzsébet, este era cuando llegó al castillo un adolescente muy particular, horrorosamente feo, deforme, medio enano, jorobado y cojo, su nombre era Ujvari Johanes pero le llamaban Ficzkó, tenía una enorme fuerza en los brazos, era perverso pero muy dócil y le encantaba vengarse de la gente que se burlaba de él por su fealdad. A los cinco años era bufón hasta que fue abandonado en medio de un camino, no se sabe quien lo llevó al castillo. También en menor medida, destacaba la lavandera Katalin Beniezky, está nunca asesinó, solo ayudaba en ocasiones a traer muchachas de los pueblos, a limpiar toda la sangre y demás cuando los ritos habían terminado, a desplazar y enterrar a las muchachas, hablaremos ampliamente de ella más adelante.




Erzsébet, alrededor de 49 años



Erzsébet al principio de quedarse viuda echó de menos a su marido, sus conversaciones sobre la guerra, en las que intercambiaban formas de tortura y Ferencz la daba consejos sobre nuevos métodos de disciplina para las sirvientas. Erzsébet se deleitaba escuchando por ejemplo, una tortura muy común en la época que Ferencz realizaba a menudo, consistía coger un caballo muerto, y abrir una brecha en la zona de las entrañas, lo suficientemente grande para meter a una persona, ahí se metía al enemigo aún vivo, y se cerraba, la persona se pudría durante días poco a poco junto con el caballo hasta morir, algo verdaderamente grotesco y terrible, pero muy común en esa época.
Para la Condesa no había nada mejor que los gritos al coser la boca a una dama desobediente, o mientras Dorkó le sujetaba la boca abierta con las dos manos a una sirvienta, la misma Erzsébet con sus manos hundía una plancha candente hasta la garganta.


  Ferencz Nádasdy II, marido de Erzsébet


Hechizos y torturas:

La Condesa desde niña fue muy dependiente de hechizos, ungüentos y pócimas, también de hechizos y talismanes que escondía en ciertas partes del cuerpo según su finalidad, había en especial un hechizo en el que ella creía con fervor y que siempre llevaba al lado de su corazón, el hechizo es un mal de ojo a sus enemigos:

"Isten, ayúdame; y tu también, nube todopoderosa. Protégeme, a mí, Erzsébet, y dame una larga vida. Estoy en peligro, ¡oh nube! Envíame noventa gatos, pues eres el jefe supremo de los gatos. Dales tus órdenes, que se reúnan estén donde estén, desde las montañas, las aguas, los ríos, el agua de los tejados y de los océanos. Diles que acudan a mi lado. Y que se apresuren a morder el corazón de... y también el de... y el de.....Que destrocen y muerdan también el corazón de Megyery el Rojo. Y guarda a Erzsébet de todo mal."

Los... son huecos que se dejan para colocar el nombre de la persona de la que Erzsébet quiere protegerse, toda escritura es de tinta especial (mezcla de sangre de topo y de algunas plantas venenosas).


 

Ilustración de Santiago Caruso


Hay un nombre que siempre figura en todos sus hechizos y maldiciones, y es el de Megyery que era pelirrojo, tutor de su hijo Pál. Se cree que Erzsébet le odia tanto porque él siempre supo que en la Condesa había algo oscuro, y que siempre aguardaba para demostrárselo a los demás. Aunque el más odiado era Megyery, hay otras dos personas a las que Erzsébet no soporta y suele evitar el trato, y cuando no tiene más remedio lo disfraza con una máscara de indiferencia y cordialidad obligada. Esas personas son su primo György Thurzó (quizás por su relación tempestuosa en el pasado) y su cuñada Kata, las tres personas odiadas tienen algo en común, saben o intuyen el lado oscuro de Erzsébet, lo que esta ve como una terrible amenaza.


Al hablar de torturas, no sé bien dónde empezar, a la Condesa no le falta imaginación y tiene formas muy variadas para matar, el objetivo es el mismo, si quiere permanecer joven debe bañarse en sangre de doncellas, pero no vale cualquiera, hay tres requisitos imprescindibles para que la sangre sirva. La muchacha debe ser guapa, saludable y virgen. Se sabe que Erzsébet las prefería de piel tostada y rubias, más que jóvenes, mató niñas, pues muchas tenían entre ocho y doce años, aunque también había decenas de adolescentes, ninguna superaba los dieciocho años.

Cuando empezó a atraer a muchachas, lo hacía "al azar" cumpliendo siempre los requisitos mencionados arriba, que vivían en las cercanías del castillo. Nada más entrar en el castillo ninguna duraba más de 4 días, algunas eran sacrificadas esa misma noche.

La Condesa practicaba sus horribles torturas allá donde iba, en todos sus castillos, y también en Viena, allí desde su juventud ya la temían pues habían oído gritos y visto sospechosas aguas rojizas alrededor de las mansiones de Erzsébet. A parte de Csejthe, tiene residencias en Podolié, Sárvár, Varannó, Pistyán. Léká... y un largo etc. Pues recordemos, ha heredado la mayor parte de las pertenencias de los Nádasdy, y Ferencz junto a su madre, compraron al casar éste, diecisiete castillos y aldeas. Erzsébet ha dado algunos castillos y bienes a hijas e hijo Pál, aún así, se ve obligada a vender algunas propiedades para seguir con su alto nivel de vida. En su residencia de Viena, la calle que estaba al lado, era llamada la calle de la sangre por los cubos que Jo Ilona y Dorkó lanzaban para limpiar. Habían un monasterio de Dominicos cerca que ya se habían dado cuenta de que algo no iba bien, y la gente en si ya empezaba a hablar, pues en Viena los gritos de desesperación y socorro retumbaban por las calles, Erzsébet decide coger sus "juguetes" e ir a otros castillos donde por mucho que griten, nadie escuchará a sus víctimas.


La Virgen de hierro:


Comienzo por esta tortura porque me parece la más impresionante de todas. La Condesa vio en Núremberg un autómata llamado "la Virgen de hierro", la Condesa quedó fascinada al ver este aparato de tortura y encargó en Alemania a un relojero una réplica con algunas modificaciones para su residencia en Viena. El modelo original se encontraba en el castillo Dolna Krupa, que pertenecía al duque de Brunswick.
La apariencia de el autómata es la siguiente: Una mujer de hierro más alta que una persona normal,  su "piel" está hecha de mallas metálicas, pintadas de color carne, que dejan entrever un complicado sistema de tuercas y engranajes en su interior. Desnuda, muy maquillada, con ojos mecánicos que se mueven, una boca  pintada con carmín, por medio de un mecanismo se torna en una sonrisa bobalicona y cruel, mostrando dientes humanos. Tiene una larga cabellera rubia que le sobrepasa la cintura, lleva un collar de piedras preciosas. Tiene los brazos elevados, semiabiertos, invitando al abrazo. La dama mecánica esta sobre un pedestal, en la parte de atrás hay un barreño al que están conectadas unas tuberías que van a parar al cuerpo de la máquina.

La Condesa se sienta y observa a la asustada muchacha, desnuda como el autómata, como curiosea el hermoso collar, al tocar la piedra más hermosa la muñeca se cierra en un violento abrazo, atrapando a su víctima, los pechos se abren y salen cinco cuchillos de cada seno, que terminan con la vida de la muchacha, la sangre caliente llega al barreño, la Condesa inmediatamente toma su baño de sangre...
Tocando otra piedra del collar los brazos vuelven a su sitio, el cadáver desangrado cae al suelo.

Es la única herramienta que usa para tomar baños de sangre, porque con el resto de torturas se untaba y frotaba con la sangre tibia (muerta no servía) sobre su cuerpo, fue en sus años finales cuando sí que comenzó a tomar baños de sangre.

La  Virgen de hierro fue trasladada desde la casa Harmish, en Viena, a Csejthe, en ese traslado fue reparada una única vez, y se dice que le añadieron detalles para hacerla aún más dañina.

Hay un rumor sobre el origen de los cabellos de la dama de hierro, en una ocasión Erzsébet tuvo una idea, había una muchacha que vivía a un mes de Ecsed, se decía que era rubia y extremadamente hermosa, muchos hablaban sobre su belleza. La Condesa que no soportaba la idea de que hubiera ninguna mujer más hermosa que ella, ofreció a la joven una excepcional oferta para que fuera su dama de compañía, la chica emocionada accedió y se puso en marcha en un larguísimo viaje de un mes, fue asesinada por Erzsébet la misma noche que llegó al castillo y se cree que sus hermosos cabellos rubios son los que lleva el juguete favorito de la Condesa, su autómata que, para fortuna de las jóvenes, no dura demasiado ya que el sistema de tuercas y engranajes es muy complicado y con la sangre se oxida enseguida, cuando se rompe no hay nadie que pueda arreglarlo (o su oscuro secreto saldría a la luz). 
Aunque Erzsébet adora este “juguete” se cansa pronto de él ya que no participa en la ejecución, algo aburrido para ella.



Muerte por agua:


Este método está destinado solamente a la diversión personal de la Condesa (eternamente aburrida), suele hacerlo en sus viajes y también lo emplea con las chicas que "casi" consiguen escapar. Puede considerarse una idea no muy pensada, más bien espontánea de la naturaleza oscura y cruel de la Condesa, a continuación os relato la primera vez que se produjo esta particular tortura:

Erzsébet se dirigía en carruaje a una boda, de noche, nevada, la Condesa estaba aburrida, medio dormida, esto no tardó en cambiar cuando Dorkó empujo a una muchacha que lloraba dentro del carruaje, Erzsébet comenzó a morderla con furia y a pellizcarla donde podía, la Condesa entró en trance y fue rodeada por sus sirvientas, la campesina aprovechó e intentó huir, salió de la carroza sin hacer ruido por la nieve, en cuanto se dieron cuenta encendieron las antorchas y fueron tras la muchacha que corría por el campo, no tardaron en alcanzarla y fue llevada ante Dorkó y Jó Ilona que la esperaban. Dorkó chillaba, pero la Condesa se le acercó y le susurró unas palabras al oído que hicieron que todo quedara en silencio. Fueron hacia el castillo de Ilava, cuando estaban muy cerca, los lacayos por orden de Erzsébet, fueron a sacar agua debajo del hielo de los fosos y entre los juncos secos. Jó Ilona le había arrancado la ropa a la joven, que tiritaba de pie, en el centro de un corro formado por los lacayos de Erzsébet con sus antorchas. Le echaron el agua por encima, que se congeló al instante sobre su cuerpo. La Condesa observada desde el interior de su carroza. La muchacha intentó moverse hacía el calor de las antorchas, volvieron a echarle agua. No cayó al suelo, era una estatua humana, muerta, de hielo. A través del hielo se veía su boca abierta y su mirada de desesperación.

La enterraron al borde del camino, en el campo, bajo la nieve. Hundieron un poco el cadáver en la tierra.

Erzsébet no quiso pasar de Ilava para esta ejecución, pues el siguiente pueblo era Bicse, y no se atrevía a cometer ningún crimen en los dominios de su temido primo Thurzó. La joven de Ilava fue la primera en morir de esta peculiar forma. Los siguientes inviernos en los lavanderos helados y los patios de los castillos de Erzsébet en Léká, Kérésztur y Csejthe se convirtieron en un entretenimiento corriente para la Condesa.


La jaula:


Se sabe con seguridad que este es uno de los instrumentos de tortura, junto con la doncella de hierro, que más gustan a la Condesa, cogió la idea en sus visitas a los sótanos de Viena que estaban llenos de artilugios de lo más macabro.

Una jaula con barrotes forrados de afilados pinchos tanto el suelo como los laterales, alta para que quepa una persona, pero a la vez estrecha que limita mucho los movimientos, se fuerza a la muchacha a entrar, Dorkó la arrastra de los pelos y encierra a la muchacha. Después elevan la jaula y comienza el ritual. Erzsébet de impoluto blanco, se sienta bajo la jaula, Dorkó con un atizador al rojo, golpea y quema a la prisionera que no puede evitar moverse y herirse más con cada movimiento, la sangre empieza a brotar, cada vez más cantidad, la Condesa disfruta de su particular lluvia de sangre hasta la última gota, entrando así en trance. En la sala hay dos metamorfosis, el vestido que era blanco ahora es completamente rojo, donde hubo una chica llena de vida ahora solo queda un cuerpo inerte.



Ilustración de Santiago Caruso


Otros tipos de torturas:


Erzsébet tenía otros métodos que mezclaba con los castigos que solía dar a las criadas. Entre ellos estaba azotar a las sirvientas, desgarrando la carne hasta llegar al hueso, si alguna seguía viva, Dorkó o Jó Ilona les cortaban las venas de los brazos con unas afiladas tijeras o simplemente Erzsébet las degollaba. Las jóvenes quedaban irreconocibles, pareciendo llagas humanas. También aplicaban atizadores enrojecidos a fuego, les cortaban los dedos con tijeras o cizallas, les pinchaban y hurgaban las llagas y heridas, las practicaban cortes con navajas, y si la Condesa se cansaba de escuchar los gritos, se les cosía la boca, si se desmallaban muy pronto, se les encendía entre las piernas un papel empapado en aceite. A menudo su vestido blanco se volvía rojo muy pronto y debía ir a sus aposentos a cambiarse y volver de nuevo con sus ritos y "entretenimientos" nocturnos.
Erzsébet gustaba mucho de participar, arrancando la carne en los lugares más sensibles con unas pinzas pequeñas de plata. También le encantaba hundir agujas en los lugares más dolorosos, cortar la piel de entre los dedos, desgarrar las comisuras de los labios cuando las desdichadas gritaban, aplicaba cucharas y planchas al rojo vivo en los pies, pechos y cualquier parte que se le antojara, y fustigaba con una ira que daba miedo, pues a menudo seguía dando azotes aún cuando la muchacha estaba muerta, Erzsébet gritaba "¡Más, todavía más, más fuerte!". Golpear a mutilar a cuerpos muertos era algo que hasta sus ayudantes veían llenos de terror.

En muchas ocasiones la Condesa no está convencida de que las torturadas estén muertas (si por ella fuera agonizarían durante meses) y para asegurarse, les introduce entre sus piernas un cirio ardiendo, desagarrándolas hasta llegar al vientre, es mejor no imaginar los gritos de dolor que lanzaban las desdichadas en sus momentos finales.

Un invento de Darvulia era sumergir a una muchacha en agua fría y dejarla en remojo toda la noche.

Aunque en sus inicios la bruja no quería matar, con el tiempo enseña a Erzsébet el sentido de matar y ver morir, cosa que a la Condesa le encanta.

Las muchachas permanecían encerradas en un subterráneo sin luz, donde no corría el aire, era común que murieran asfixiadas, además eran muchas y pasaban días o semanas sin comer, algunas eran torturadas y devueltas al calabozo, podían morir allí al desangrarse o simplemente de desnutrición y pasar días, rodeadas de sus compañeras aterrorizadas. A veces les daban de comer, a modo de tortura, la carne de sus compañeras muertas, y algunas eran obligadas a comer de su propia carne arrancada por la Condesa.

Con el tiempo le cogió el gusto y estas torturas no las hacían solo en el sótano, comentamos que en sus viajes tenía un maletín muy completo con todo tipo de instrumentos destinados a causar el mayor posible. También en medio de sus orgías femeninas (torturas incluidas) con sirvientas de su personal elección, su cuarto quedaba literalmente en un enorme charco de sangre, había que usar gran cantidad de ceniza para que la Condesa pudiera cruzar la habitación y llegar a la cama, llegado este punto era complicado ocultar el terrible olor de la sangre, la muerte y la putrefacción.

Para Erzsébet es muy importante, aún muy drogada, participar en los ritos. Con el tiempo se vuelve una experta en anatomía, sabiendo que arterias cortar para que las muchachas se desangren antes, y que otros sitios atacar para que lancen mayores gritos.

Hay algo terriblemente escabroso y desconcertante en el asunto del diario, ya que Erzsébet apuntaba los nombres y características de las muchachas que utilizaba para ritos de juventud o bien con muerte destacada, como por ejemplo, es rubia pero demasiado baja, o rubia y hermosa, sin embargo no estaban en esa lista las  jóvenes y niñas que mutilaba en sus viajes, muertes por agua, asfixia, desnutrición, cubiertas de miel abandonadas en el bosque de noche para que fueran comidas vivas por cualquier bestia...que eran decenas...aún así  en aquel diario había más de 600 nombres...


Continuará....





Bibliografía:






Valentine Penrose: La Condesa Sangrienta.
Ediciones Siruela, S.A. 1987, 1996, 2008.


Alejandra Pizarnik: La Condesa Sangrienta.
Libros del Zorro Rojo, 2009.



Javier García Sánchez: Ella, Drácula.
Editorial Planeta, S.A., 2006.


Imágenes procedentes de: wikipedia.org 
Ilustraciones procedentes de: http://galleries.santiagocaruso.com.ar/the-bloody-countess.html

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