jueves, 5 de mayo de 2011

Erzsébet Báthory 9ª Parte




El principio del encierro:



Habían conducido a Erzsébet arriba, a su cuarto, sola y sin sirvientas, unas habían muerto, otras fueron llevadas a Bicsé por los hombres del palatino. La misma noche de la detención, Ponikenus, el pastos de Csejthe reunió a su alrededor en la sala de abajo a las personas que habían subido de la aldea y, junto con su mujer, se rezó por la Condesa.  Nada más empezar, le interrumpieron unos extraños maullidos, Ponikenus dejó por escrito lo que ocurrió:

"Cuando estaba empezando a orar, oí gatos maullar en el piso superior. Era algo que no se parecía a los maullidos de un gato corriente. Intenté ir a ver y no pude encontrar nada. Le pedí a mi criado que buscara conmigo, y que si viera algún gato en el patio, lo cogiera y lo matara. Pero no encontramos ninguno. Mi criado dijo que oía muchos ratones en la habitación pequeña, entramos allí al momento pero no encontramos nada.
Bajé los tres escalones que llevan al patio y de inmediato, seis gatos y un perro negro intentaron morderme los pies. Idos al diablo, les dije, y los aparté con un palo. Salieron fuera del patio, mi criado fue a buscarlos, pero no encontró nada, debió ser obra del dragón (así llamaban a Erzsébet)."

Además Ponikenus agrega en su texto:

"La víspera de Nochebuena, por la noche, una criada procedente de Miawa, que era bruja, bañó a la Condesa en un baño de plantas mágicas y recibió órdenes de hacer con esa agua un pastel destinado a los enemigos de la Señora. Pero alguien habló y les avisaron. Así cayó Satanás en su propia trampa."

A la mañana siguiente János Ponikenus tuvo la desafortunada idea de subir a ver a Erzsébet para presentarle sus condolencias y exhortaciones. La encontró en temperatura gélida, cubierta de pieles, con todas las joyas puestas que había querido llevarse a Transilvania. No se atrevió a entrar solo, le acompañaba uno de sus acólitos y un soldado, Ponikenus redactó todo lo ocurrido a continuación:

"Nada más llegar a presencia de Erzsébet, encerrada en su cuarto, nos recibió con esta frase:

-¡Conque vosotros dos, bastardos! ¡Mirad en qué situación me habéis puesto!

Le dije que yo no tenía nada que ver.

-¡Si no has sido tú, habrá sido alguien de tu iglesia quien ha hablado de mi!

Le volví a asegurar que nunca le había hecho nada, que no había dicho nada de ella.

-Pero- continuó ella- serás tú, tú quien muera primero, pues has sido la causa de mi encarcelamiento. ¿Qué te crees? Ya están preparados al otro lado del Tiszá para pasarlo todo a sangre y fuego por mí; y mi primo Gábor va a venir a salvarme desde Transilvania.

Todo esto lo gritó salvajemente en húngaro antiguo, lengua que no yo entendía, pero mi compañero me lo tradujo.

Le dije ¡Cristo ha muerto para vos!

A lo que ella contestó:

-¡Vaya una revelación! ¡Hasta los labriegos saben esa historia!

Ponikenus quiso ponerle las manos en un libro de oraciones, Erzsébet se negó asegurando que no le hacía falta.

El pastor preguntó tímidamente:

-¿Pero por qué creéis que soy yo la causa de vuestra detención?

-No tengo por qué contestar: soy tu Señora. ¿Cómo viniendo de tan bajo podría llegar tu pregunta hasta mí, que estoy tan alta?

Ponikenus no lo soportó más:

-Has mancillado el Evangelio, criatura malnacida... Lo manchaste con sangre...

-De vuestro Evangelio lo aprendí, malditos. Lo decía San Mateo: Bebed todos de mi sangre, que será sello del Nuevo Testamento, la cual derramarán muchos...- Erzsébet calló un instante y siguió- Yo me he limitado a cumplirlo.

La Condesa soltó una risotada siniestra.

-Eres una sacrílega malvada...- le increpaba Ponikenus a la Condesa, pero está le interrumpió.

-De vosotros lo aprendí, ¿O no está Cristo supuestamente en los inocentes? Fue vuestro Cristo a quien se lo leí, solo a él: Quien bebe mi sangre y come mi carne tendrá la vida eterna.... Yo lo hice.


El pastor vio que seguir hablando era inútil y se marchó de allí.

Parece ser, sigue escribiendo Ponikenus, que cortaba a las muchachas en trocitos como a las setas, y las servían a muchachos jóvenes para que se las comieran. A algunas las guisaban para dárselas de comida a las compañeras que quedaban, esto sucedía desde hacía mucho.



Interrogatorios y juicio:



Antes de regresar a Bicsé, el palatino había preferido pasar una noche en Vág-Ujhely, antes que en Csejthe, la lúgubre aldea. Se marchó al día siguiente por la mañana para mandar preparar el interrogatorio de los cómplices de Erzsébet Báthory: Por la noche redactó una carta a su mujer:

Vág-Ujhely, a 30 de diciembre de 1610.

Me siento dichoso de escribirte, amadísima esposa. He mandado prender a Erzsébet Nádasdy. Esa maldita mujer estaba abajo, en Csejthe, y ahora la llevan a su castillo, donde, a partir del uno de enero, quedará encerrada. A los demás, al cruel joven y a las brujas, los mando a mi castillo de Bicsé. Estarán bajo tu custodia; mándalos encerrar de forma segura. Puedes dejar a las mujeres en la aldea, las he mandado encadenar; pero el joven Ficzkó, prisionero en el castillo.
Cuando llegaron mis hombres a Csejthe, encontraron a una muchacha muerta y a otra muriéndose de sus heridas. Hemos descubierto a una, enferma y cubierta de llagas, y a unas cuantas más en reserva para el siguiente sacrificio.


Thurzó mandó convocar a los jueces en Bicsé. El proceso empezó en esta villa el dos de enero de 1611 y el siete terminó. No preguntaron nada a Erzsébet Báthory, y ella no compareció. Los interrogatorios los dirigió Gáspár Bajary, alcaide de Bicsé y el escribano Gáspár Kardosh; el acta la redacto Daniel Erdög. El juego real llegado de Presburgo era Teodosio Sirmiensis (en húngaro Zrimsky). Fue un proceso criminal con veinte jueces y trece testigos. Se les hicieron las mismas once preguntas a todos los acusados: Ujvari János, llamado Ficzkó; Jó Ilona Kochiská, la nodriza; Dorottya Szentes, llamada Dorkó y  Katalin Beniezky, la lavandera.

A veces los inculpados no entendían, pues a penas sabían otra cosa que el dialecto tôt.
 Las respuestas fueron bastante confusas pero los jueces tenían orden de no insistir.


Algunas criadas habían contado los cadáveres vistos a lo largo de los años, que no aparecían en el famoso diario, todas coincidían en que la cifra rondaba las 700 muchachas, centenas de ellas niñas que no superaban los diez años, y la mayoría no paraba la adolescencia.  


El seis de enero de 1611, el tribunal se reunió en la sala del Consejo del castillo de Bicsé. El juez real presidía, con el palatino y el enviado del Rey a ambos lados.

Se leyó el acta de los interrogatorios, oyéndose la monótona enumeración de los horrores sin nombre perpetrados durante más de seis años, sin duda en los dormitorios, los lavaderos, los sótanos y los subterráneos de los castillos propiedad de los Báthory.

El enviado del Rey fue el primero en hablar: En estos interrogatorios aún no está todo muy claro; hay crímenes a los que sólo se alude.

Thurzó respondió: Todo está en orden así (pues el mismo había ordenado a su alcaide que no se dijera nada de los crímenes cometidos directamente por Erzsébet y, sobre todo, de los baños de sangre. Le parecía que así todo ya se había aludido demasiado a los crímenes personales de la Condesa).

El enviado real insistió, quería conocer el número y nombre de las hijas de Zémans sacrificadas, Thurzó discutió con él alegando que todo eso simplemente retrasaría el proceso y que quería terminar con todo aquello lo antes posible. Además el enviado solicitó que Erzsébet compareciera y fuerza juzgada por el tribunal, el palatino que ya estaba harto exclamó:  

¡Sé perfectamente lo que tengo que hacer y me creo capaz de convencer al rey de que he hecho bien actuando así!


Luego oyeron a los testigos, tanto Suza como Sara declararon a favor de Katalin, la lavandera, alegando de que si había golpeado alguna vez a alguna muchacha fue en contra de su voluntad, y que siempre había ayudado a las que pudo aún a costa de jugarse la vida. Los jueces deliberaron hasta muy entrada la noche.

 A la mañana siguiente, el día siete de enero, hicieron público el veredicto:

Considerando que las confesiones y los testimonios han demostrado la culpabilidad de Erzsébet Báthory, a saber, que ha cometido crímenes horribles contra la sangre femenina y considerando que sus cómplices eran Ficzkó, Jó Ilona y Dorkó, y que estos crímenes requieren castigo, hemos decidido que a Jó Ilona y, a continuación, a Dorottya Szentes, les arranquen los dedos el verdugo con sus tenazas, por que con esos dedos han cometido crímenes contra el sexo femenino. Finalmente, se las arrojará vivas al fuego.

En lo que a Ficzkó se refiere, su culpabilidad debe contemplarse habida cuenta su edad (que contaba con algo menos de veinte años). Como no ha participado en todos esos crímenes, hemos decidido una pena más moderada. Se le condena a muerte, pero será decapitado antes de arrojar su cuerpo al fuego. Esta sentencia se ejecutará inmediatamente.


Kata fue absuelta, el destino de los tres secuaces estaba decidido y serían ajusticiados aquella mañana, ahí mismo, en la plaza de Bicsé, rodeados de todos los habitantes del pueblo, horrorizados y sorprendidos.




Ejecuciones:



Al terminar de leer el veredicto todo estaba preparado, los tres condenados se encontraban en la plaza, lloviznaba. Algunas personas piadosas lloraban y rezaban, otros miraban con odio a seres tan abominables.
Los haiducos llevaron a los condenados junto con el verdugo.

Jó Ilona no cesaba de gritar, suplicando perdón, cargando todas las culpas a su Señora.
Dos robustos haiducos la sujetaron mientras el verdugo, utilizando unas tenazas, empezaba a cortarle los dedos de la mano. Al cortarle el cuarto dedo perdió el conocimiento. Esperaron a que despertara unos breves momentos y siguieron con la condena. Uno tras otro, entre espantosos gritos, le arrancaron los diez dedos, dejando solo dos muñones ensangrentados. Seguidamente fue llevada a la hoguera. Sus últimos movimientos fueron convulsiones mientras moría quemada. Toda la plaza quedó en silencio, solo se escuchaban ya las llamas.

La siguiente en ser ejecutada era Dorkó, ésta se había desmayado cuando vio que ataban a Jó Ilona al poste donde sucumbió a las llamas. Mientras le cortaban los dedos los alaridos de Dorkó eran tan fuertes como los de su compañera, y como ésta, también se desmayó. Pero con la vieja arpía fueron más rápidos, pues en la plaza, presenciando ese terrible espectáculo había numerosos niños. Se le continuaron cortando los dedos aún sin consciencia, en ese mismo estado se la arrastró al poste del que minutos antes habían retirado el cadáver carbonizado de Jó Ilona.
Algunos creían que Dorkó ya había muerto cuando la ataron, pero de repente cuando fue alcanzada por las llamas soltó un espantoso grito, vieron todos en aquella plaza que Dorkó también murió entre terribles dolores en aquellas llamas.

Llegó el turno de Ficzkó, tiritaba como una hoja, había contemplado la ejecución de sus dos compañeras de crímenes. Estaba pálido, aquella aguda y chirriante voz que poseía no fue escuchada, parecía mudo. Al momento fue retirado el cadáver de Dorkó del poste donde en unos minutos el también sería quemado.
Fue llevado hasta el verdugo, éste empuñaba en su mano una espada especial para la ejecución, que llamaban "pálos".
Ficzkó miró al cielo, y dicen que trató de articular alguna palabra, llorando, pero no pudo. Le obligaron a poner la cabeza en el tajo. Un momento después la espada cercenó su cuello de un solo toque, la cabeza rodó unos metros. Quedó mirando al cielo con los ojos ligeramente cerrados, algunos dicen que sus labios se movían cuando la cabeza ya estaba en el suelo, separada del cadáver.


Curiosamente al terminar la ejecución del enano jorobado, de llovizna pasó a una fuerte lluvia, por lo que la plaza quedó vacía rápidamente.

Se echa en falta otro secuaz de Erzsébet, la bruja de Miawa. Debió de huir sin ser vista, y aunque se emitieron órdenes de búsqueda jamás fue encontrada, tampoco se entiende que otros espías y los que llevaban muchachas a la Condesa, tampoco sean si quiera acusados como podían ser Kardoska, Szalny, Barnó o Bassony, todas ellas llevaron a cientos de chicas hasta la muerte, pero no fueron juzgadas, se libraron sin más. Tampoco fue investigada aquella mujer de la nobleza, que, vestida de hombre, visitaba de madrugada a Erzsébet y junto a ella torturaba muchachas hasta el amanecer, después volvía a marcharse. Había otra mujer de la nobleza que iba con larga capa y capucha que participó en varias orgías y asesinatos, ninguna fue acusada ni juzgada.



El destino de Erzsébet:





Pál Nádasdy, hijo de Erzsébet.


Las semanas siguientes el destino de la Condesa fue decidido o más bien discutido, pues eran muchos los que pedían la cabeza de Erzsébet, también querían que fuese quemada como sus secuaces, la otra parte la formaban las hijas de Erzsébet que pedían clemencia para su madre, los yernos que hablaban por ellas, Pál Nádasdy que mandó una carta el 23 de febrero, suplicando por la vida de su madre y Thurzó que les representaba, apelaba siempre al buen nombre de los Nádasdy, sin mencionar el apellido Báthory que había quedado maldito.

El 17 de abril de 1611 el Rey tomó una decisión y lo notificó desde Praga:


"Debido a la fidelidad de los Nádasdy, y tras haber oído las súplicas del Magnificente Pál Nádasdy, su hijo, de los condes Miklós Zrinyi y György Drugeth de Homonna, sus yernos, disponemos que no se la ejecute".

Una vez más, su alto rango, el apellido Nádasdy y su descendencia combinada con los excelentes partidos con quienes fueron casadas, le salvaron la vida a la Condesa.

Otro de los motivos por lo que Erzsébet se salvó de que le cortaran la cabeza fue por una carta que Thurzó escribió al Rey:

"A vos, Majestad, os toca elegir entre la espada del verdugo o la prisión perpetua para Erzsébet  Báthory. Pero nuestro consejo es que no la ejecuten pues, verdaderamente, nadie tiene nada que ganar con ello."


Se la condenaba a quedar emparedada en su aposento, hasta la muerte. De esa forma las autoridades evitaban el riesgo que les supondría una ejecución de alguien de tan alto rango, además en ese caso, no sería válida sin un juicio antes, que los familiares y Thurzó habían dejado claro que no querían que se celebrase.



Ruinas del castillo de Csejthe, Čachtice en la actualidad, al oeste de Eslovaquia.



Cuando Erzsébet escuchó la sentencia, a pesar de tener gran claustrofobia y miedo a la oscuridad, no se inmutó. Tampoco lo hizo cuando le contaron como habían muerto sus tres criados en la hoguera.
Tampoco dijo nada cuando le explicaron que el castillo donde estaba prisionera quedaría completamente desierto, junto con el pueblo de Csejthe, que como si sufriera una terrible epidemia, debía ser abandonado para cerrar así el capítulo de tantos y tantos crímenes. En el castillo de Csejthe colocaron cuatro banderas negras y cuatro cadalsos en cada uno de los extremos, para advertir a todos que allí nadie debía acercarse. Por toda la comarca lo anunciaron.

Para no condenar descaradamente a muerte a Erzsébet, emparedada en su cuarto, dejaron un hueco horizontal situado a la altura del suelo por el que cada dos semanas aproximadamente, introducirían pan y agua para que pudiese subsistir, ella lo administraría como creyera conveniente.



Único hueco por donde entraba aire y luz en la habitación de la Condesa


También se tapiaron las puertas que conectaban su habitación con otras zonas del castillo, también estaban tapiadas con enormes piedras las ventanas, dejaron casi a la altura del techo un agujero muy pequeño por donde entraba el aire y muy poca luz, cuando llovía a penas caía ninguna gota de agua.

Antes de emparedarla, se le entregó un poco de leña, no le duraría más de los dos meses que quedaban de invierno, después solo dispondría de unas pocas pieles que había elegido, el resto fueron retiradas, para abrigarse. Le dejaron algunos cirios y velas para alumbrarse, que tampoco durarían demasiado y una vez terminados, al igual que la leña, no le sería entregado nada más.

Erzsébet no sentía angustia o pena, sino indignación pues seguía sin comprender por qué se la condenaba.




Continuará...




Bibliografía:




Valentine Penrose: La Condesa Sangrienta.
Ediciones Siruela, S.A. 1987, 1996, 2008.


Alejandra Pizarnik: La Condesa Sangrienta.
Libros del Zorro Rojo, 2009.


Imágenes procedentes de: wikipedia.org

http://nadasdy.barokkudvar.hu/pictures/index.php


http://www.bathory.org/



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