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jueves, 3 de marzo de 2011

La Princesa Palatina 4ª y última parte.



Hola una semana más.
Os dejo con el cuarto y último episodio de la extraordinaria vida de Liselotte.
Aún estoy pensando cual será el próximo personaje al que dedicaré algunas líneas, aunque ya tengo algunas ideas rondando por mi cabeza :).


Desengaños familiares:


Una de las cosas más claras en la vida de Liselotte, es la cantidad de situaciones que tuvo que aguantar a lo largo de su vida en la corte. Comenzó con un marido homosexual, borracho, inmoral, y siguió con un cuñado que no le importaba estar con cuatro mujeres a la vez y que se matasen entre ellas.
Otro golpe de destino le aguarda a Madame, y es observar como su amado Felipe(su hijo favorito) pasa de ser una excelente opción para el trono francés, alguien culto y preparado, a convertirse en el retrato de su padre (versión heterosexual), así describe a su propio hijo Madame: "Se dedica a zampar, a emborracharse y a ir de putas". La pobre mujer solo puede afrontar un disgusto tras otro.

Quizás se sienta culpable de la situación, ya que ella misma autorizó a que instruyeran sexualmente a su hijo a temprana edad, por temor a que saliera homosexual como su padre, así lo relata Liselotte en una de sus cartas:
"A los trece años, mi hijo es ya todo un hombre. Una dama respetable le ha instruido", si en ese momento sintió alivio por saber que el hijo no se parece a su padre en gustos sexuales, fomentó su vicio por el sexo demasiado temprano con las terribles consecuencias actuales.

Para más inri, cuando el chico cumple quince años arde en deseos de enseñar sus dotes a una niña de trece años hija del conserje de Paláis Royal, además la deja embarazada, el padre de la niña hecho una furia reclama a Liselotte, quien a carcajadas se declara muy feliz de saber que su hijo realiza tan hermosos regalos a las jóvenes. Durante un tiempo, Madame se hará cargo del "regalo" que hace su hijo a la joven Léonore (que así se llama la embarazada).

En una de las cartas que escribe Liselotte, exculpa a su hijo diciendo:

Los jóvenes de aquí están increíblemente inclinados al libertinaje y al vicio. Mienten, hacen trampas y consideran una desgracia el ser honorables; se dedican a zampar, emborracharse, decir palabrotas y admirar a quien, entre ellos, es el más grosero.(Carta escrita en Versalles el 2 de agosto de 1686)

Además Madame emplea un agudo sentido del humor cuando las faltas de su hijo son imperdonables: "Las hadas acudieron a mi alumbramiento, concediendo cada una un talento a mi hijo, que los reunió todos". Desgraciadamente se había quedado olvidada un hada vieja que, llegando después que las otras, exclamó: " Tendrá todos los talentos, salvo el de hacer buen uso de ellos".


Felipe II de Orleáns, hijo de Madame y Monsieur.


Para terminar de hacerle la vida imposible, cuando su hijo cumplió 18 primaveras, Luis XIV decidió casarle con una de sus propias hijas, Françoise-Marie de 14 años de edad, y la madre es nada más y nada menos que la duquesa de Montespan.
Madame, al conocer el propósito del rey se indignó pero no se atrevió a decirle nada, sabiendo que no podía contar con el apoyo de su marido (que no se enfrentó a su hermano hasta poco antes de su muerte, diciéndole: «Sin sacar ningún provecho de este matrimonio, Felipe no conservará más que la vergüenza y el deshonor».

Liselotte mostró su descontento cuando le comunicaron la noticia, dando la espalda al rey tras haberle hecho la reverencia, a continuación su hijo Felipe sale tras ella y le agarra la mano con intención de besarla para que no se marche, ella le propinó con esa misma mano una enorme bofetada delante de toda la corte, el sonido retumba por toda la sala, el pobre príncipe no sabe qué cara poner.
El Rey al ver la escena hace un gran esfuerzo retorciendo su barbilla para no romper a reír.

La Princesa Palatina comenta su desdicha en esta carta:

Mis ojos terminaron tan cargados e hinchados que apenas puedo mirar a través de ellos (...). He estado tan contrariada que podría haber vomitado la noche entera.
(Carta escrita en Versalles el 10 de enero de 1692)

Madame odia a los bastardos más que ninguna otra cosa, también a las amantes del Rey, y le toca por nuera una combinación de ambas cosas.
Liselotte describe a Montespan como "una basura, una ramera"(palabras de una carta a su tía, la duquesa Sofía el 14 de abril de 1688). Comenta también "me hierve la sangre cada vez que veo a uno de sus bastardos".

Las cenas a las que obliga a asistir el Rey a Madame y su hija Françoise (la futura nuera de Liselotte), no pueden ser más tensas, así describe Madame a su nuera:

Extremadamente enfermiza, sus ojos tienen un aspecto tan pesado que temo que se vuelva ciega algún día. Pero sobre todo es hija de un doble adulterio, y encima también es hija de la mujer más bruja y desesperada que existe en la tierra.
(Saint-Cloud, 14 de abril 1688)



 Francisca María de Borbón, hija de Luis XIV, nuera de Madame.



La noticia recorre toda Europa y los familiares de Liselotte temen por su futuro en Francia, ella les tranquiliza escribiéndoles esta carta:

Intento poner la mejor cara posible y finjo satisfacción que, francamente, estoy lejos de sentir. (...) En lo que concierne a mi futura nuera, creo que no tendré problemas para acostumbrarme a ella, puesto que no nos vemos lo suficiente para que resulte un fastidio. Decir buenos días y buenas noches ocupa muy poco tiempo.
(Carta escrita en Versalles, 10 de enero de 1692).


Como guinda, Liselotte debe tragarse la gran repulsión que su nuera le produce, ya que es la encargada de entregarle camisón en la noche de bodas de su hijo.

Además debe ver como el matrimonio de su hijo no es feliz, y éste sigue aumentando su número de malos hábitos, así lo expresa:

Me produce gran lástima ver a mi hijo abandonarse en los brazos del libertinaje, en las malas compañías, en el despilfarro y la insensatez; aunque no me sorprende que lo haga dado cómo le han tratado. (Versalles 16 de marzo de 1698).

Una vez más quita cualquier culpa que pueda tener su hijo y culpa de su desdicha a su nuera y su cuñado Luis XIV, siendo los causantes de los males propios y de Felipe.


Además Madame comenta de su nuera:

En cuanto a la mujer de mi hijo, no puede quejarse de mí, puesto que la trato bien y con educación, pero en toda mi vida conseguiré quererla, pues es la mujer más antipática del mundo entero; su figura está completamente desfondada, su cara es horrible, todo cuanto hace resulta desagradable y encima ella se cree bella, se acicala todo el tiempo y va llena de aceites y cosméticos. (...) Confieso que me resulta agotador tomarme tanto esfuerzo con ella. (Saint-Cloud, 7 de agosto de 1692)

Debemos suponer que dichos esfuerzos que comenta Liselotte, seguramente no vengan de su propia voluntad, sino de su cuñado Luis XIV para mantener la familia unida aunque solo sea en apariencia, más aún tratándose de su propia hija.


Últimos años:


Madame, alrededor de cincuenta años.


El resto de la vida de Madame transcurre en segundo plano, por mucha rabia que le dé, solo le queda ver como su hijo y su nuera educan a sus nietos de forma desastrosa y hacen vidas separadas a excepción de sus obligaciones en el dormitorio.
Culpa al matrimonio de su hijo de su tristeza, dice que le ha destrozado la vida entera y que ha destruido su alegre disposición natural.

Liselotte denuncia así la situación de sus nietos:


Nunca he visto niños tan miserablemente educados como mis nietos. Un día pregunté a su aya por qué no estaba criando a estos niños como hizo con mis propios hijos y ella me contestó; con sus hijos yo contaba con su apoyo, pero cuando empecé a preocuparme de éstos su madre se reía en mi cara, a coro con sus hijos, cada vez que yo presentaba una queja. Por eso ahora les dejo hacer lo que les da la gana. (París, 9 de diciembre de 1717)


Y tiempo después añade:

La desastrosa crianza de mis nietos es una desgracia para este país. Mi nuera les deja hacer exactamente lo que les da la gana hasta que cumplen veinte años (...) yo no voy a torturarme intentando hacer lo que su madre ha deshecho.
(Saint-Cloud, 25 de septiembre de 1720).


Así pues, la relación de Liselotte con sus nietos tampoco es muy cercana, dada la relación con su nuera y la educación nefasta o más bien inexistente que reciben las criaturas.

Una de las nietas de Liselotte (a la que también dedicaré unas líneas en el blog), llamada Mlle. de Montpensier (la niña no tuvo nombre hasta que, al casarla, se dieron cuenta de que no tenía nombre! se lo pusieron sobre la marcha, siendo Luisa Isabel, Luis por el Rey y Isabel por su abuela, Madame) llegará a ser reina de España durante un corto periodo de tiempo y quedará en la historia española como la reina exhibicionista.



Luisa Isabel de Orleans 1724, nieta de la Princesa Palatina.


Liselotte describe así a su nieta y el momento de la partida de la pequeña a España:

No puede decirse de Mlle. de Montpensier sea fea; tiene los ojos bonitos, la piel blanca y fina, la nariz bien hecha aunque un poco delgada, la boca muy pequeña. Pero de todas, es la niña más desagradable que he visto en mi vida. Todas sus acciones, bien hable, bien coma o beba, impacientan cuando se presencia. Ciertamente no he derramado una lágrima, ni ella tampoco, cuando nos hemos dicho adieu. (Saint-Cloud, 6 de diciembre de 1721)


La Princesa Palatina sobre el año 1713


La vida de Liselotte se apaga el 8 de diciembre de 1722, con setenta y un años, llevándose al otro mundo una fama fatal que le acarrea el siguiente epitafio: "Aquí yace la ociosidad, la madre de todos los vicios"; los franceses la culpan de haber educado de forma pésima a ese regente (Felipe) que aguantan a duras penas. Felipe jamás en toda su vida, querrá a nadie tanto como quería a su madre, no logra ocultar sus lágrimas al recordarla. Sin el apoyo de su madre, a Felipe solo le queda esperar al declive.





 


Bibliografía:


Alejandra Vallejo-Nágera: Locos de la historia.
La Esfera de los Libros, S.L. 2007.


Imágenes procedentes de: wikipedia.org

jueves, 24 de febrero de 2011

La Princesa Palatina 3ª Parte (de 4)



Aquí estamos una semana más, agradezco de corazón todo el apoyo y críticas constructivas que me vais proporcionando, esos motivos fomentan aún más mis ganas de escribir e investigar historia.
Esta semana he comenzado a escribir con tiempo para dedicarle el mayor número de detalles posible a la vida de la Princesa Palatina, había mucho por escribir, así que de forma definitiva, serán un total de cuatro partes.


Liselotte

Influencias en la corte:


A pesar de todos los lujos de los que Liselotte se ve rodeada, ella siempre manifiesta y prefiere la vida apacible y tranquila, lejos de lo artificial y el bullicio de la corte, viviendo la mayor parte de su larga estancia en Francia en el Saint-Cloud y a temporadas en Fontainebleau.
Es curioso que a pesar de las diferencias que guardan, si bien no oculta que aborrece a su marido, si muestra una gran simpatía por su cuñado, simpatía que es correspondida por Luis XIV hasta cierto momento (que comentaremos más adelante).
El Rey se divierte mucho con la irónica sagacidad de Madame, incluso se ríe con las cartas que envía Liselotte a su familia, contando las "aventuras" de Versalles.
El monarca es condescendiente con las críticas en tono de humor, siempre que no entren directamente a sus asuntos personales.

Os dejo una descripción de Madame sobre Versalles:

Si Su Alteza pudiese ver los grandes cuidados y esfuerzos que hacen aquí las mujeres para volverse repulsivas, estoy segura de que Su Alteza de hartaría a reír. Personalmente, no puedo seguir los dictados de este tipo de mascaradas, pues diariamente los peinados crecen hasta arriba. Creo que terminarán consiguiendo que las puertas se tengan que hacer más altas, ya que de lo contrario las damas serán incapaces de entrar o salir de las habitaciones. (...) Creo que la cola de sus trajes acabará convirtiéndose en una serpiente. No me extrañaría en absoluto que esto le pasase a Grancey (Travesti, amante oficinal de su marido, Monsieur), que ya tiene una víbora en la lengua con la que muerde frecuentemente. (Carta dirigida a su tía, la princesa Sofía de Baviera, escrita en Fontainebleau el 8 de octubre de 1688.)

La amistad entre Madame y el Rey es excelente para envidia de muchos en la corte.
Liselotte se atreve a decir a Luis cosas que a otros les costaría la vida.
Mantiene conversaciones más allá de lo superficial, cosa que agrada mucho al monarca. No cumple los cánones de belleza, por lo que puede tener una amistad plena sin que añadan a Liselotte a su lista de conquistas. A Madame tampoco se le pasa por la cabeza tener ningún tipo de relación con el Rey (ni con nadie de la corte francesa).
En una carta que escribe Madame a una de sus tías tras caerse de un caballo en una excursión con su cuñado, se aprecia muy bien el tipo de amistad que la Princesa Palatina mantenía con él:

Él (Luis) fue el primero en llegar, estaba tan blanco como una sábana; y aunque le aseguré que no estaba herida él no descansó hasta examinar personalmente mi cabeza por ambos lados y comprobar que le había dicho la verdad; también me acompañó a mi dormitorio y se quedó conmigo durante un rato por si acaso yo me mareaba...Tengo que decir que el Rey me demuestra su favor todos los días, puesto que me habla cada vez que me ve y me reclama cada sábado para compartir la "Medianoche"(fiesta con nombre español, privada a la que sólo unos pocos privilegiados podían asistir) con él y la señora de Montespan. Ésta es una de las razones por las que ahora estoy muy "à la mode", cualquier cosa que hago o digo, tanto si es bueno como inadecuado, se admira inmensamente hasta el puedo que cuando decidí lleva mi vieja estola de Marta Cibelina al cuello para combatir el frío, todo el mundo se hizo una igual; ahora las estolas de Marta se han convertido en el último grito. (Carta escrita en Versalles el 4 de noviembre de 1677)




Luis XIV en 1661.


Ruptura de la amistad con el Rey:



Los favores del Rey se interrumpen cuando Madame declara la guerra a las distintas amantes del Rey (a excepción de Luisa de la Vallière, a la cual Madame compadece por el trato que recibe del Rey y Montespan).
Luis XIV muestra una gran tolerancia en casi todos los terrenos, pero no tolera que se cuestione sus asuntos de cama, siendo capaz cortar la cabeza a cualquiera que critique algo sobre el tema, incluida su cuñada.

Aunque al principio Liselotte aprueba las amantes del Rey (habiendo compartido muchas cenas y fiestas con Montespan sin problemas), con el paso de de los días no las soporta. En ese momento, Liselotte que siempre había resultado a Luis muy simpática, pone en cuestión un tema intocable para el Rey como son sus amantes.

Madame escribe gran número de cartas a sus familiares alemanes poniendo a las favoritas del Rey bastante verdes. Describe a Montespan como "la mujer más maligna y desesperada del mundo". Y agrega: "Lo peor es que no puedo discutir del tema con Monsieur, pues en cuanto digo una palabra él corre a contárselo al Rey". (Carta dirigida a su tía, la princesa Sofía, escrita en Saint-Cloud, 14 de abril de 1688).

Cuando Liselotte es derrotada por su antigua amiga, Athénaïs Montespan, escribe una carta comentando el deterioro físico de ésta:

Su piel parece un papel con el que los niños hubieran jugado, doblándolo hasta convertido en la pieza más diminuta; todo su rostro está macizado de arrugas, y el resultado es muy sorprende. (Carta a su tía, la princesa Sofía, escrita en Versalles, 29 de abril de 1701).



La segunda favorita del Rey, Athénaïs Montespan.



Aunque, si la favorita de turno, Montespan, no le agrada en absoluto, Maintenon, tan religiosa y bondadosa, es la que mas enciende la ira de su interior. Madame pierde los papeles con sólo pensar en ella cuando escribe a uno de sus familiares:

Le contarán a usted lo muy bruja y diabólica que es esa vieja ramera, y también le dirán a usted que yo no tengo la culpa de que me odie a muerte, puesto que he hecho lo posible para que nos llevemos bien. Ella convierte al Rey en un ser brutal aunque Su Majestad no sea de naturaleza cruel... También le convierte en alguien duro y tiránico, de modo que ya nada puede conmover su corazón. No creería o se imaginaría usted la maldad de esta vieja. Y todo lo hace bajo un disfraz de piedad y humildad. (Fontainebleau, 10 de octubre de 1693).

Estas jugosas cartas son interceptadas por espías, entregadas al Rey y leídas por la criticada, que naturalmente toma venganza. Maintenon consigue que Luis XIV prohíba la entrada a su cuñada a palacio.



Madame de Maintenon, la única amante con la que Luis XIV se casa (y además en secreto).


Sólo para ayudar a su hijo Felipe en la corte, Liselotte se traga su orgullo y pide disculpas. Logra la reconciliación aunque con bastantes dificultades. El trato con Maintenon es igualmente frio y distante, y la amistad con el Rey jamás volverá a ser como en sus inicios.

Continuará...



Bibliografía:


Alejandra Vallejo-Nágera: Locos de la historia.
La Esfera de los Libros, S.L. 2007.


Imágenes procedentes de: wikipedia.org

jueves, 17 de febrero de 2011

La Princesa Palatina 2ª Parte



Hola otra semana más, esta vez he tenido cambios de horario y mucho trabajo y apenas he tenido tiempo, por lo que la escritura es corta y seguramente le dedique a La Princesa Palatina otro episodio más para terminar la fascinante descripción de su vida.
Continuo por donde lo dejé la semana anterior.
Disfrutad de la lectura!


Problemas conyugales:



Liselotte en su juventud.


El momento del día en el que debe concebir hijos con su marido trae a Liselotte por el camino de la amargura. Ella lo llama "el negocio", sin añadir, aunque lo piensa, "sucio".
Lo cierto es que al hermano del Rey le repugna el contacto físico con su mujer, el simple roce con su piel, que la obliga a colocarse en el borde de la cama con medio cuerpo fuera, si le toca accidentalmente la zarandea durante media hora, a menudo de cae de la cama.

Con tantos problemas resulta un milagro que Madame y Monsieur lleguen a tener tres hijos. El primero es un niño al que llaman Alejandro Luis de Orleans y muere a los tres años.
Después tienen una niña llamada Isabel Carlota de Borbón-Orleans, Duquesa de Lorena y de Bar que termina casándose Leopoldo I. Madre de Francisco I, emperador del Sacro Imperio y abuela de María Antonieta, Liselotte es por tanto su bisabuela.
Por último consiguen el ansiado varón que supera la edad adulta, al que llaman Felipe (Felipe de Orleáns que 41 años después se convertirá en regente de Francia).


Felipe con 15 años, hijo de Madame y Monsieur



La desafortunada María Antonieta, Biznieta de Isabel Carlota del Palatinado.




Vidas independientes:



Una vez han cumplido con su misión de conseguir procrear un varón, son libres, sin ataduras y hacen vidas independientes. Madame, muy contenta, escribe en una de sus cartas:
Sentí un gran alivio cuando se fue a dormir a su propio cuarto y me dejó tranquilamente en el mío; ahora ya no me caeré de la cama y ya nadie va a regañarme.

Monsieur, por su lado, comparte libremente lecho con sus amantes, a los que Liselotte llama "enemigos" por lo bajo, mientras que en alto les anima: "¡Adelante! Engulle los guisantes que a mí ya no me gustan". (A. Forster, p. XVIII)

Monsieur organiza grandes fiestas que no tienen comparación con ninguna otra, llenas de glamour y de juegos prohibidos, excentricidades y gente de todo tipo (psicópatas, gamberros, borrachos, parásitos sociales, jugadores, busconas, prostitutas baratas). En estos eventos nunca es invitada Madame, ni ganas tiene ella de serlo. El único de los requisitos para los asistentes es adular a Monsieur en todo momento.

Una de las anécdotas más interesantes y macabras sobre estas fiestas es aquella en la que se invita por primera vez al coronel Wallon, quien se alegra por este honor.
El pobre hombre no ha imaginado, ni en su peor pesadilla, la que le espera.
El coronel no ha sido elegido como invitado estrella por su historial militar, sino por su prominente barriga. "El Duque imaginó que sería delicioso comer una tortilla sobre el vientre dilatado del coronel" (J.A. Dulaure, p.45.)
Todos los asistentes están encantados con la idea excepto el coronel, a quien le parece una situación más peliaguda que cualquiera de las guerras en las que ha participado.
Al hombre no le queda más remedio que acceder a la petición del anfitrión, se tumba en el suelo y mostrando una resignación digna de una medalla, pone su gran tripa a disposición de una tortilla humeante. Monsieur y sus invitados se abalanzan para engullirla directamente con sus bocas, las manos en la espalda y los dientes clavándose sobre la tortilla y la carne del coronel. Todos se ríes y encuentran divertidísimos los gritos de dolor de la víctima.

Para poner la guinda a la noche, Monsieur y sus acompañantes deciden ir al hogar de una famosa cortesana que tiene un acogedor apartamento. Allí eligen a una de las prostitutas, y realizan torturas que ellos llaman y ven como juegos. Introduciendo en las partes que "pueden imaginarse" petardos y disfrutando del pequeño fuego artificial que sale de la víctima.

Liselotte no soporta las fiestas que organiza su marido, jamás participa en ella, y prefiere no saber las barbaridades que hacen Monsieur y sus amigotes.



Lado maternal:

En cambio, resulta ser una excelente madre, que no solo cría de forma ejemplar a sus hijos, sino que asume el papel de madre de los hijos del matrimonio anterior de Monsieur (con la difunta Enriqueta).
Liselotte es una madrasta (y madre) muy devota a quien se le hace la boca agua cuando hablan de sus hijos (en especial de su favorito, Felipe).
Ella se encarga personalmente de la educación de todos sus hijos, enseñándoles su ironía, falta de respeto por los valores de la Iglesia y una gran curiosidad por las cosas que les rodean. Lo restante de la educación de su adorado Felipe la deja a cargo del cardenal Dubois.
Felipe cumple con las expectativas y resulta ser un estudiante ejemplar, destacando en todas las materias incluidas astronomía, geometría, diferentes lenguas, además adora la música, el arte y la ciencia.



Liselotte con sus dos hijastras.


Acogiendo a las dos niñas como si realmente fueran suyas.
Cuando una de sus hijastras, la mayor, María Luisa, cumple diecisiete años, es prometida sin su permiso, con Carlos II "el Hechizado".
Tanto María Luisa como Madame se sienten terriblemente tristes por esta jugarreta del destino.
Madame la abraza, llora, y le regala dos de sus más preciados perritos para que le acompañen durante su estancia en el infierno español al que su tío la envía (María Luisa no habla español, Carlos II es considerado el hombre más repugnante del momento, y además está secretamente enamorada de su primo, el hijo del Rey, Luis el Gran Delfín).
Liselotte está completamente desolada y pide permiso para acompañar a su hijastra hasta Orleáns. Allí la despide con grandes abrazos y ríos de lágrimas.

Una vez superada la pérdida, Madame se dedica a montar a caballo y cuidar de sus dos hijos, cuando lo normal en la época es que las mujeres de la corte, parir y desentenderse de la criatura.
A la hora de educar Monsieur colabora lo justo, lo que no impide que a veces tome la iniciativa. Os dejo una descripción de uno de esos momentos en una carta escrita por Madame:

Tras cenar nos sentamos los cuatro (la pareja y sus dos hijos) en un cuarto. Después de un largo silencio, Monsieur, que jamás nos ha considerado una compañía lo suficientemente agradable para conversar, soltó un pedo grande y sonoro. Con toda tranquilidad se volvió hacia mí y preguntó: "¿Qué ha sido eso, Madame?".
Yo me volví hacia él, solté otro de similar tono y dije: "eso es lo que ha sido, Monsieur". Mi hijo entonces pronunció; "Si eso ha sido todo, entonces yo me siento capaz de hacerlo igual de bien que Monsieur y Madame", dicho lo cual despidió uno gordo también. Todos nos echamos a reír y abandonamos la habitación.
(Carta escrita en Versalles el 1 de enero de 1693).

Continuará...



Bibliografía:



Alejandra Vallejo-Nágera: Locos de la historia.
La Esfera de los Libros, S.L. 2007.

Imágenes procedentes de: wikipedia.org

jueves, 10 de febrero de 2011

Seguimos en la corte Francesa: La Princesa Palatina 1ª Parte

Lo prometido es deuda, como dije la semana pasada, esta vez toca un personaje no muy conocido, fascinante y sin complejos, alguien muy adelantada a su época.
Su nombre es Isabel Carlota del Palatinado, aunque también es conocida como la Princesa Palatina, Liselotte por sus familiares y Madame en la corte francesa.
Como la semana anterior el texto fue un poco largo (once páginas de word) ésta vez lo estoy escribiendo en dos partes (si veo que me enrollo mucho pues serán tres)
Os dejo con mi aporte de esta semana, la primera parte del relato, espero que os guste.



Infancia:


Isabel Carlota del Palatinado nace en el Castillo de Heidelberg, el 27 de mayo de 1652, no se sabe demasiado sobre su infancia aunque para Liselotte fue la mejor época de su vida. El matrimonio de sus padres era feliz parcialmente salvo por el extremado interés en la caza y alguna relación extramatrimonial por parte de su padre con una de sus sirvientas (lo que era muy normal en la época).
Finalmente su padre pidió el divorcio para casarse con la mencionada sirvienta, María Luisa de Degenfeld en 1658.



Liselotte con tres años, retrato de 1655

Aunque Liselotte no volvió a ver a su madre, si que mantuvo el contacto por correspondencia.
A los cinco años enviaron a la pequeña a vivir con su tía Sofía (a la que escribió muchas cartas a lo largo de su vida en Francia, algunas las leeréis aquí), allí fue muy feliz y nunca perdió el contacto con sus hermanas.



Sofía de Wittelsbach, tía de Liselotte (hermana de su padre, Carlos I Luis del Palatinado)

En 1663 Liselotte volvió a su hogar con su nueva madrastra y decidió que quería casarse con su primo Guillermo de Orange (futuro Guillermo III de Inglaterra), pero su familia decidió que sería más ventajoso casarla con el recién enviudado Felipe (de la joven Enriqueta de Estuardo), hermano del Rey de Francia Luis XIV.



Liselotte en su adolescencia


¿Por qué Luis XIV decidió elegir a Liselotte como segunda esposa de su hermano?
A parte de por las alianzas políticas, el Rey francés pensó que como su hermano no estaba muy contento con su antigua mujer, considerada una diminuta flor delicada muy hermosa y femenina, Liselotte era todo lo contrario, ruda, robusta, no muy agraciada y hombruna. No hay que olvidar que el Felipe era homosexual y no lo escondía, exhibiendo sus amantes en público, y cuidando mucho su afeminada vestimenta y maquillaje.




Isabel Carlota del Palatinado a los 19 años.



Rumbo al matrimonio:

Liselotte llega a Versalles un año después de la muerte de su predecesora Enriqueta de Inglaterra. La recién llegada a la corte solo tiene 19 primaveras, a grandes rasgos éste era su aspecto: Pelo rizado, nariz aguileña, frente aplastada, papada, mofletes cubiertos de pecas... Así se describe ella en una de sus cartas:

Mi grasa está mal distribuida, por lo que me sienta mal. Tengo, si se me permite decirlo, un culo terrible y el pecho planos. Para decir verdad, soy horrible, pero tengo la fortuna de no preocuparme de ello.(Carta escrita en el palacio de Marly, 19 de febrero de 1705).


El carácter de esta mujer es jovial, agudo e inteligente y no le gusta lo cínico.

Tras un largo y duro viaje por Heidelberg, sin saber qué aspecto tendrá su futuro esposo, llega a Metz y contrae matrimonio por poderes. El anciano mariscal Du Plessis-Praslin ocupa en el altar el sitio del novio ausente. Después de esto a la novia le toca otro largo viaje a Châlons, donde se encontrará con su verdadero marido.
La pobre Liselotte lleva un mes de viajes en un nuevo país, ha cambiado de nacionalidad, idioma y religión, y además se ha casado con una persona que no ha conocido ni visto, imaginaos el talante con el que llega a su destino.

Llega el momento y los recién casados se encuentran.

El aspecto de Felipe es de lo más cuidado: Su cuerpo cubierto de joyas, los rizos de su peluca ascendiendo tres palmos por encima de su cabeza y desde allí cayendo en cascada hasta la mitad de la espalda, los lazos de su camisa ondeando al viento, altos tacones, labios pintados con carmín y un lunar artificial y muy negro junto a su boca.
La carroza de Liselotte se detiene. La novia baja de la carroza con sus kilos de más y su gusto dudoso en el vestir.



Liselotte de adolescente, con uno de sus famosos vestidos de "gusto dudoso"

A penas puede reprimir un grito ante lo que está viendo. A Monsieur (Felipe) le ocurre lo mismo aunque lo expresa de distinto modo y comenta a sus acompañantes: ¡Oh! ¿Comment pourrai-je coucher avec elle?, lo que viene a significar, cómo pretenden que él se acueste con "aquello". (C.Pevitt, p. 11.)



Felipe de Orleans, Monsieur.


Allí mismo comienzan todas las preocupaciones que ya nunca abandonarán a Liselotte (Madame desde aquel momento).
"Aquí la gente es tan floja y tan vacía como un ganso" escribe al poco de llegar.
En otra carta comenta: "Quisiera gritar. ¡Oh, madre, me gustaría tener paciencia, por favor dame paciencia! Eso es lo que más necesito ahora. (Saint Germanin, 5 de febrero de 1672)

Liselotte tiende al perfeccionismo en los detalles, a la intolerancia y al estupendo concepto de sí misma.
Adora la gloria, otorga inmensa importancia a los detalles y no soporta las chapuzas.
Muy tolerante con los defectos propios y de sus hijos, es muy estricta con la conducta del resto de los mortales.
Se mira en el espejo y aún sabiendo que su imagen se opone a lo que en ese momento considera hermoso, se muestra encantada consigo misma.
Quita importancia a sus defectos empleando un sentido del humor muy agudo.
Ella disfruta bastante riéndose de sí misma. No tiene pelos en la lengua y le cuesta mantenerse relajada.
De carácter contundente y decidida como un hombre, lo que conlleva la fama de ser más masculina que su propio marido (aunque por otro lado eso tampoco es muy difícil).

Ninguna otra mujer habría podido aguantar lo que soporta Madame durante los treinta años que dura su matrimonio.





Isabel Carlota del Palatinado



Vida en la corte:

Monsieur lleva una vida frívola, insiste en llevar a Madame a fiestas que a él le divierten pero que ella odia, la maquilla en un vano intento de volverla más coqueta y guapa, algo que nunca consigue. Ella mantendrá su aspecto orondo y robusto el resto de su vida.
Liselotte adora a las mascotas y siempre va rodeada de un grupo de perritos escandalosos.
Las misas de palacio le resultan muy aburridas, llegando a decir en algunas de sus cartas que son como opio para ella y que no puede conseguir escuchar un sermón sin quedarse siempre dormida.
La encanta escribir, redacta unas treinta páginas al día como mínimo y se conservan más de 70.000 cartas que escribió a sus familiares y amigos a lo largo de toda su vida. Su correspondencia constituye suculentos y divertidos relatos de lo que ocurre en la corte. Os dejo una muestra de cómo describe a su marido y a su cuñado Luis XIV:

No cabe imaginar hermanos más diferentes que Su Majestad y Monsieur, pese a lo cual ambos se aprecian mucho. El Rey es alto, de piel tostada, aspecto viril y tiene una ampulosa y distinguida apostura. La pinta de Monsieur no es innoble, pero su estatura es baja y su pelo, cejas y pestañas son negros en demasía. Tiene la cara alargada y estrecha, la nariz grande, boca pequeña, dientes desgastados, sus maneras son mas femeninas que masculinas y no le interesan ni los caballos ni la caza, pero sí las apuestas, las recepciones, la buena comida, bailar y vestirse; en resumen, todo lo que nos gusta a las mujeres. Mientras el Rey ama cazar, la música, la danza clásica y el teatro, mi marido solo se interesa por la decoración y las mascaradas. Al Rey le encanta ser galante con las mujeres, sin embargo no creo que mi marido se haya enamorado nunca. (París, 9 de enero de 1716. Carta a Karoline de Gales.)

A causa de la sexualidad de Monsieur, la obligación de engendrar herederos se convierte en un reto complicado para ambos cónyuges. Madame cuenta a un confidente que su marido necesita recurrir a los poderes divinos para enfrentarse a sus obligaciones en el lecho:

Traía a la cama un rosario lleno de medallas, con el fin de rezar antes del acto- relata una de sus biógrafas-. Un día Madame escuchó un tintineo de las medallas bajo la manta y preguntó qué era aquello. Ante la negativa de él a explicarse, ella encendió una vela. Monsieur enrollaba el rosario en sus partes privadas. "No me parece adecuado, Monsieur, que honres a la Virgen posando su imagen en las partes que hacen perder la virginidad" (C. Pevitt, p.16.)



Continuará...





Bibliografía:

Alejandra Vallejo-Nágera: Locos de la historia.
La Esfera de los Libros, S.L. 2007.

Imágenes procedentes de: wikipedia.org