jueves, 7 de abril de 2011

Erzsébet Báthory 5ª Parte

Advertencia: las partes cuarta y quinta de este relato, son especialmente explícitas y sangrientas, no recomendable para gente sensible, si es vuestro caso, pasad directamente a la sexta parte, gracias :)

Profundizando en el personaje:



- Detalles escabrosos de su naturaleza cruel y dañina:



La maldad de y crueldad de Erzsébet se hace notar desde su niñez, si bien algunos niños y más de la nobleza tienen la mano larga y golpean por igual a familiares y criados, la pequeña Erzsébet va más allá, en muchas ocasiones se queda a poco de provocar una desgracia. Sus juegos dejan de serlo cuando por ejemplo, en invierno reta a sus primos a carreras en trineo, estos viéndola tan pequeña e indefensa, piensan que ganarán la carrera sin problema, cual es su sorpresa cuando van colina abajo, la niña les embiste con fuerza y saña, con intención de arrojarles por el acantilado, la pequeña ríe y cuando la regañan dice que no era su intención causar daño, pero al rato vuelve a hacer de las suyas. Un par de primas suyas tuvieron heridas de considerada gravedad por caer de sus trineos al hielo por los empujones de Erzsébet, así pues, tanto los primos como su alrededor, temen a Erzsébet como la peste.

También se dedica a destrozar y matar de forma horrible a cualquier animalillo que lleguase a sus manos.

Otra de sus "bromas" que dedicaba a sus primos era la siguiente:

 Coqueteando en el campo, cogía con cuidado una peonía silvestre de su rama. Una variedad similar a la rosa, que tiene espinas en su tallo. Ella que tenía mucha práctica, cogía la planta sin pincharse, y se la entregaba con fingida timidez al primo que estuviera con ella, ellos cogían la planta con fuerza, y naturalmente de sus manos manaba la sangre. Entonces Erzsébet, según reaccionaran ellos, a veces reía burlona y otras fingía arrepentirse. No se sabe si tuvo intención de lamer la sangre que salía de las heridas como haría en sus juegos más adelante. Uno de sus primos, de salud delicada, se le infectó la herida y estuvo a punto de morir.

A sus primas también les dedicaba "bromas" de lo más especiales:

Cuando celebraban la Natividad en el castillo de Erdöd, Erzsébet hizo por última vez algo que ya había hecho anteriormente con resultados que le encantaban. Cogía de debajo de las piedras una escolopendra, un gusano de muchas patas, que es tan largo como una mano abierta, sabía cogerlas de forma que no la picasen pues eran muy venenosos, agarrando la cabeza y la cola con delicadeza. Una de sus primas Somlyó estaba distraída, Erzsébet se la acercó por detrás y le dijo: "Si quieres que te ponga un bonito collar, cierra los ojos". La prima, emocionada, cerró los ojos y movió la cabeza de forma afirmativa. "De acuerdo, te lo regalo" respondió Erzsébet mientras acercaba al cuello de la niña aquel repugnante gusano. Se lo colocó rodeando el cuello, la mala suerte hizo que la escolopendra fuese escote abajo, provocando un ataque de nervios en su prima. Erzsébet fue duramente castigada por ello, pero no le importó lo más mínimo.
Rosas silvestres con espinas para sus primos, collares de gusanos para sus primas, así es Erzsébet, cruel y malvada desde sus más tiernos inicios.


Ya mencionamos su rebeldía de adolescente, en una ocasión, habló de forma muy poco respetuosa en público, su suegra la corrigió pero Erzsébet no estaba por la labor de pedir disculpas y siguió con su insolencia, finalmente aún siendo Orsolya Kanizsay (también escrito Orsolya Kanisky) una mujer muy piadosa, propinó un bofetón a Erzsébet que tenía unos catorce años, ésta se la quedó mirando sonriente, desafiante, la pobre mujer se contuvo para no darle un segundo bofetón simplemente le dijo: ¡Eres una salvaje! la adolescente seguía sonriendo, Orsolya solo articuló a decir: Vete..Vete... y la mandó a su habitación durante dos días para que meditara y también ordenó a los criados que no le hablaran. 

Erzsébet llena de orgullo recogió las enaguas de su falda para no hacer ruido y se dirigió a su cuarto.
Esto para la adolescente lejos de un castigo fue una bendición, comentaron a Orsolya que Erzsébet dijo de sus labios que aquellos dos días habían sido los más felices de toda su vida, la pobre mujer solo puede echarse a llorar. 
Cuando le comenta eso a Ferencz añade: Sé que es muy bella y la quieres, pero no olvides nunca que te casas con una fiera..., su hijo solo le responde... Madre, es como todos los Báthory... 


Al ir creciendo cambio sus bofetadas, puñetazos etc., como castigo de faltas graves, a fuertes golpes con una vara por detalles insignificantes, la costumbre de arrancar y masticar pedazos de carne de los hombros de sus sirvientas la tuvo desde su niñez hasta su muerte.


También como ya comentamos, evita tener hijos para dar a su suegra el placer de tener un nieto entre sus brazos.


  
Erzsébet Báthory, alrededor de 26 años.


- Bisexualidad:
 En los aposentos de Erzsébet:


En la época de la Condesa, la bisexualidad, la brujería, el vampirismo, costumbres o ritos satánicos, son motivo de condena y muerte, no obstante, tener un apellido con tremendo poder, a menudo da privilegios que anulan las leyes, como es este el caso de los Báthory.

Desde joven, alrededor de veinte años, se podía sospechar en ocasiones de las inclinaciones de Erzsébet por su comportamiento, relato a continuación un par de situaciones que nos dan pistas y además detalles de su comportamiento y obsesión por la sangre desde muy joven.

Una tarde en el castillo de kolozsvar, la Condesa como de costumbre, se aburría muchísimo, las horas pasaban con demasiada lentitud, eso le atacaba los nervios. Una costurera, sin prestar atención, cosía en sus faldones y mangas. A la vez esa costurera iba hablando con otras criadas. Erzsébet simulaba oírlas, pero en realidad estaba muy atenta...Se produjo la distracción y el pequeño desliz terminó en un pinchazo en la mano de Erzsébet. La costurera inmediata se disculpó, después surgió la alarma, todas temían los castigos de la Condesa. Habían visto los mordiscos, bofetones, gritos, amenazas y varazos con su preciado bastoncillo de tejo.
Pero no ocurrió nada, sino al contrario. Lo que incrementó el temor de la costurera, Erzsébet se quedó dijo palabra, con su mirada clavada en el suelo. La joven costurera lloró e intentaba excusarse. Una mirada de Erzsébet bastó para que su llanto se silenciara, se puso muy pálida. La Condesa seguía sin mediar palabra, sin quejarse ni protestar, tenía el brazo suspendido en el aire, y los ojos mirando a la mano que había recibido el pinchazo. Otra costurera temiendo lo que aguardaba soltó un intento de ayudar a su compañera, los ojos de Erzsébet se posaron en ella e inmediatamente también cerró la boca.
Ésta e colocó cerca de la ventana para iluminar mejor la diminuta herida de su mano, que tenía paralela a su rostro, observando la gota de sangre que manaba del minúsculo pinchazo.
Finalmente dijo a la costurera que la había pinchado: Ven
A penas se la escuchó. La chica rompió a llorar, tenía terror a los golpes, un codo la empujó hacía su dueña. Era preferible aceptar el castigo rápidamente que hacerla esperar y enfurecerla más aún. 
La costurera solo alcanzó a decir: Lo siento, señora, lo siento...
Todas sintieron un miedo atroz cuando vieron a la Condesa ponerse pálida, y hacer una extraña pregunta.
- ¿Tienes hambre?, preguntó, todas se miraban unas a otras, atónitas.
La costurera que ya sabía cómo se las gastaba Erzsébet dijo inmediatamente que no y siguió pidiendo perdón, bien temía que la hiciera comer dos o tres manzanas hasta atragantarse.
Erzsébet volvió a mirarse la mano, se fijó en el surco que había dejado la gota de sangre al desplazarse, sin moverse de su sitio, extendió el brazo hacia donde se encontraba la costurera, y en tono imperativo dijo: - ¡Lámela!
La costurera no dijo nada, ninguna otra sirvienta tampoco, Erzsébet amenazó de nuevo a la joven y coloco su mano a la altura del rosto de la asustada chica. Finalmente Irina, que así se llamaba la costurera, lamió la sangre, cerró los ojos de asco, Erzsébet también los cerró, probablemente de placer.
 A continuación la Condesa pidió que las dejaran solas, Irina solo podía temblar de miedo.
Erzsébet mandó acercarse a la joven, el motivo no era otro que arrearle tal bofetón que el rubio moño de la muchacha quedó deshecho y su cara fue magullada, brotando levemente algunos hilos de sangre.
Al ver la sangre en la cara de su criada, la expresión en la mirada de Erzsébet fue de paz., al apartar un poco la cara, dio a entender que no la golpearía más, la joven caminó hasta la puerta. Pero volvió a mirarla, pero no miraba a la cara, sino a la sangre que brotaba de la mejilla. La Condesa dijo no inusual dulzura en su voz:  - ¡Espera!, tenía intención de decirle algo pero lo pensó mejor y guardó silencio. Cuando la Irina miró por última vez hacia la ventana antes de abandonar la habitación, vio como la Condesa la miraba, sonriente, con la cabeza ladeada, ésta le dijo con voz sinuosa: - Eres dulce. 
Irina y el resto de criadas que la esperaban en la puerta no creían todo lo que acababa de ocurrir.

Irina Smoriesvsky era hija de campesinos, tenía dieciocho años y desapareció de la noche a la mañana, esa desaparición corrió como la pólvora tanto en sus criados cercanos como los que tenía siempre en Viena.
Cuando preguntaron el motivo de la desaparición de la joven, Erzsébet solo dijo que se fugó por cuestión de amores. Irina estaba interna y no tenía tiempo para novios ni se la había visto con ningún chico. La costurera murió a manos de Erzsébet que estaba enfermamente enamorada de ella, asociado el dolor con el placer.


Se sabe también que por ejemplo, cuando se echaba la siesta, mandaba que la acompañaran dos sirvientas, y que a veces se escuchaban risas y jadeos.



Una tarde en Léká cuando le estaban peinando su larga melena (castaña, de niña fue teñida de rubia, cuando pasó los 20 se la hizo teñir de negro), Erzsébet recibió un fuerte tirón en el pelo, una de las sirvientas se había distraído mientras hablaba. La Condesa se quejó y la miró con odio pero no hizo nada mas, cuando de costumbre, todas esperaban un bofetón o unos cuantos golpes con la vara.
Erzsébet siguió embelesada mirando sus hermosos vestidos recién planchados, y sus sirvientas, que minutos antes reían y hablaban con recato en voz baja, ahora comenzaban a pelearse. Primero con carcajadas contenidas, y después sin ningún recato, una amenazó a la otra con un alfiler, quizás en ese momento Erzsébet se acordó de la escena con Irina y el alfiler, y dejó continuar a las criadas con sus juegos, divertida en apariencia.

De pronto, para sorpresa de su alrededor, se unió al juego. Las criadas alegres siguieron jugando, quizá hasta pensaron que teniendo una edad similar a la de su señora, esta también querría alegría y diversión.
Erzsébet cogió uno de los alfileres más largos que se utilizaban para coser los vestidos. Amenazó a una y a otra, todas reían.
Lo que pasó a continuación fue tan súbito e inesperado como sucedió antaño con Irina.

Sin perder su macabra sonrisa, pues en todo momento jugaba y parecía muy a gusto, se colocó detrás de la criada que le había dado el tirón en el pelo y le clavó salvajemente el alfiler en el brazo. La criada lanzó un grito de dolor. Se hizo el silencio, todas las risas desaparecieron en un instante. Todas estaban inmóviles, llenas de terror. La Condesa quiso ver bien de cerca la herida que acababa de provocar, la sangre brotaba de forma abundante. Todas pensaban que pediría disculpas, en lugar de eso, tuvo intención clavar el alfiler en el brazo sangrante de la chica que por fortuna tuvo buenos reflejos y se apartó lo suficiente para que solo le rozara el codo. Erzsébet soltó una carcajada que dejó heladas a todas las mujeres que estaban en aquella habitación. Mandó salir a todas las sirvientas a excepción de la que tuvo el descuidó y le tiró del pelo. Según cuentan, la Condesa la pidió perdón, aunque le recriminó su falta de atención al peinarla.

Miró a los ojos de la criada y se acercó a su oído, susurrándole algo, la chica negó con la cabeza, no se atrevía a hablar. Para tranquilizarla Erzsébet la acarició dulcemente el pelo y le volvió a susurrar algo en tono cariñoso. La chica parecía completamente aterrada, en los labios de Erzsébet podía leerse "por favor...por favor...”, mientras su cara iba acercándose a la herida. La criada apartó la mirada y no ofreció resistencia, ya había sido suficientemente amenazada por su dueña. Por favor...dijo Erzsébet de nuevo con los ojos cerrados mientras besaba la herida. Recorrió con su lengua la sangre, durante un largo minuto, la joven criada no entendía nada. La Condesa besaba y bebía aquella sangre tibia que se había extendido por buena parte del brazo. Cuando se apartó, tenía la cara completamente llena de sangre, luego ordenó a la chica se que fuera.

Su obsesión con la sangre ya había florecido rondando a penas los veinte años.






Castigos y torturas por hurtos:




Hay otra cosa que obsesiona a Erzsébet, y es el tema de los robos, la Condesa no soporta pensar, ni si quiera sospechar, que una sirvienta le robe cualquier cosa, ni si quiera una uva. La mayoría son paranoias de Erzsébet, ya que todas conocen como se las gasta y no osarían robarle nada sabiendo la suerte que correrán.

Una sirvienta que tomó un racimo de uvas para solamente arrancar una y comerla. La Condesa la azotó hasta que murió, gritando: "¿Tienes hambre, verdad? Pues come, ¡perra!". Sus ayudantes le dijeron que ya era suficiente, pero ella siguió azotando mientras la joven se desangraba, hasta después de muerta siguió golpeándola con ira.

Otra chica rubia, extremadamente guapa, corrió una peor suerte, fue sorprendida tocando unas monedas que había sobre la mesa. Como castigo le puso una moneda ardiendo al rojo vivo sobre su mano. El olor a carne quemada era insoportable, pero no termino ahí el suplicio. Decidió clavar aquella moneda candente en otras partes del cuerpo, y cuando la sirvienta se desmayaba, se le echaba agua en las heridas o se usaba el truco del papel empapado en aceite y lo hacían prender entre sus piernas. Cuando la chica ya estaba agonizante de dolor, la Condesa se puso sobre ella como si fuera un caballo y la estranguló con sus propias manos.

Cuando se trata de joyas la situación empeora mucho más. Nadie, excepto ella, puede tocarlas, cuando las sirvientas la ponen un collar, la Condesa no aparta la vista de éste ni un segundo.
En cierta ocasión, estaban la Condesa, Jó Ilona, Dorkó y Darvulia y Ficzkó en un rincón.
Habían hecho subir a tres chicas que habían llegado la noche anterior, a los aposentos de Erzsébet para que la divirtieran. Las emborracharon, estás reían, y una de ella vio un collar de perlas sobre la mesa, entre risas y danzas campesinas, se lo puso sobre el pecho, no lo abrochó, solo lo colocó levemente para ver cómo le quedaba. En cuanto Erzsébet la vio soltó un grito, se hizo el silencio, ordenó atar fuertemente a las tres chicas, desnudarlas y tumbarlas en el suelo. 
La Condesa cogió el atizador del fuego ignorando los llantos de las chicas, cuando el hierro estuvo lo más caliente posible, lo colocó sobre varias partes del cuerpo de la chica que había cogido el collar, los gritos de la chica retumbaban en la habitación, las otras dos estaban completamente calladas. 
A continuación la Condesa cogió un gancho de hierro enorme, que se usaba para remover los troncos, y lo puso al rojo vivo también, con aquella herramienta comenzó a darle golpes muy fuertes que desgarraban la carne por el gancho incrustado, y debía de zarandearlo para soltarse y volver a golpear otra zona, empezó por lo pies y fue subiendo, dejando el cuerpo destrozado, cuando llegó a la cabeza, la muchacha aún estaba viva, y se ensañó brutalmente. 
Le reventó la cabeza al segundo golpe y los sesos se esparcieron por el suelo, aún seguía golpeando la cabeza destrozada, haciendo trozos más pequeños, todos, hasta las ayudantes, se quedaron mudos de horror. Después ordenó quemar los restos de aquel cuerpo en la chimenea, seguía teniendo aquel gancho en la mano, se acercó a las dos chicas, y amenazándolas con este las dijo "¿Veis lo que ocurre cuando alguien intenta robarme una joya?". 
Después aquellas dos chicas fueron llevadas a los calabozos, con el resto de chicas en "conserva" como llamaba la Condesa a las campesinas que tenía escondidas en diferentes castillos.

Su destino no fue mucho mejor que el de su compañera mutilada, les arrancaron los pezones con unas tenazas y se los hicieron tragar. Arrancaron otras partes de su cuerpo y levemente asadas, también las obligaron a engullirlas. Vieron como obligaban a pelear a muerte a otras chicas, prometiendo la salvación a la ganadora, aunque eso nunca pasaba, no había supervivientes jamás.



Origen de los cabellos de la Dama de hierro:




La semana anterior hablamos sobre una chica a la que Erzsébet hizo llamar que vivía a un mes de distancia, cuya belleza era mencionada en muchos pueblos, se decía que sus cabellos fueron usados para la Virgen de hierro, a continuación relataré con detalles el cruel y horrendo destino de aquella pobre muchacha.


Nada más escuchar sobre la belleza de virtudes de la joven Petra Kolinskáya, la hizo llamar, la joven que era muy trabajadora, aceptó la oferta aún sabiendo que estaba a un mes de viaje.
La Condesa en un principio había puesto a la joven en "su lista de espera" esto significa que estaría días en el calabozo con las otras compañeras, sin aire ni comida. Pero Erzsébet en aquel mes se impacientó, cuando la joven llegó a Ecsed por la noche, inmediatamente la hicieron subir a los aposentos de Erzsébet.
Perdió la paciencia con la joven y mandó que la ataran con correas, tumbada en el suelo. Luego la arañó y mordió por todo su cuerpo, mientras ella misma desnuda, se frotaba contra Petra que no paraba de chillar. Pero ahí no era como en Viena, no la escucharía nadie. Erzsébet harta de los gritos, aprovechó la boca abierta para introducir los dedos y estirar hasta desgarrar por completo la comisura de los labios, a lo que Petra chillaba más fuerte aún. Cuando la joven estaba desmayada de dolor, se cuenta que Erzsébet no paraba de besar aquella boca desfigurada. A continuación con sus afiladas uñas, le sacó los ojos, con éstos en sus manos, comenzó a recitar frases que ni sus propios ayudantes entendían. Estaban bastante sorprendidos, pues era la primera vez que veían a la Condesa atacar con tal saña y descuartizar con sus propias manos. Debían temerla más que a nadie.
Petra Kolinskáya fue enterrada en alguna fosa improvisada de Ecsed. Cuando Erzsébet volvió a Csejthe, dejó escrito en su diario: "Petra. Era muy baja".



Dominio de las drogas:




También hay que comentar que a base de la ingesta continua desde joven, de hierbas, setas y otras sustancias, Erzsébet se inmunizó y llegó a controlar sus capacidades motrices de forma precisa para desgracia de sus víctimas. Al principio de las ingestas apenas podía abrir los ojos, pero con el tiempo aunque torpemente, podía desplazarse y hasta dar órdenes, estar en trance a base de las diferentes sustancias y del placer a base del dolor era una parte importante de sus rituales.



Continuará…




Bibliografía:






Valentine Penrose: La Condesa Sangrienta.
Ediciones Siruela, S.A. 1987, 1996, 2008.


Javier García Sánchez: Ella, Drácula.
Editorial Planeta, S.A., 2006.

jueves, 31 de marzo de 2011

Erzsébet Báthory 4ª Parte

Advertencia: las partes cuarta y quinta de este relato, son especialmente explícitas y sangrientas, no recomendable para gente sensible, si es vuestro caso, pasad directamente a la sexta parte, gracias :)


Comentamos la semana pasada, que cuando Darvulia llegó al castillo traída por Jó Ilona, con sus conjuros y docenas de gatos negros que rondaban por la casa y que al párroco de Csejthe no hacía ninguna gracia.
A parte de Darvulia, Dorkó y Jó Ilona, había alguien más en el séquito monstruoso que siempre seguía a Erzsébet, este era cuando llegó al castillo un adolescente muy particular, horrorosamente feo, deforme, medio enano, jorobado y cojo, su nombre era Ujvari Johanes pero le llamaban Ficzkó, tenía una enorme fuerza en los brazos, era perverso pero muy dócil y le encantaba vengarse de la gente que se burlaba de él por su fealdad. A los cinco años era bufón hasta que fue abandonado en medio de un camino, no se sabe quien lo llevó al castillo. También en menor medida, destacaba la lavandera Katalin Beniezky, está nunca asesinó, solo ayudaba en ocasiones a traer muchachas de los pueblos, a limpiar toda la sangre y demás cuando los ritos habían terminado, a desplazar y enterrar a las muchachas, hablaremos ampliamente de ella más adelante.




Erzsébet, alrededor de 49 años



Erzsébet al principio de quedarse viuda echó de menos a su marido, sus conversaciones sobre la guerra, en las que intercambiaban formas de tortura y Ferencz la daba consejos sobre nuevos métodos de disciplina para las sirvientas. Erzsébet se deleitaba escuchando por ejemplo, una tortura muy común en la época que Ferencz realizaba a menudo, consistía coger un caballo muerto, y abrir una brecha en la zona de las entrañas, lo suficientemente grande para meter a una persona, ahí se metía al enemigo aún vivo, y se cerraba, la persona se pudría durante días poco a poco junto con el caballo hasta morir, algo verdaderamente grotesco y terrible, pero muy común en esa época.
Para la Condesa no había nada mejor que los gritos al coser la boca a una dama desobediente, o mientras Dorkó le sujetaba la boca abierta con las dos manos a una sirvienta, la misma Erzsébet con sus manos hundía una plancha candente hasta la garganta.


  Ferencz Nádasdy II, marido de Erzsébet


Hechizos y torturas:

La Condesa desde niña fue muy dependiente de hechizos, ungüentos y pócimas, también de hechizos y talismanes que escondía en ciertas partes del cuerpo según su finalidad, había en especial un hechizo en el que ella creía con fervor y que siempre llevaba al lado de su corazón, el hechizo es un mal de ojo a sus enemigos:

"Isten, ayúdame; y tu también, nube todopoderosa. Protégeme, a mí, Erzsébet, y dame una larga vida. Estoy en peligro, ¡oh nube! Envíame noventa gatos, pues eres el jefe supremo de los gatos. Dales tus órdenes, que se reúnan estén donde estén, desde las montañas, las aguas, los ríos, el agua de los tejados y de los océanos. Diles que acudan a mi lado. Y que se apresuren a morder el corazón de... y también el de... y el de.....Que destrocen y muerdan también el corazón de Megyery el Rojo. Y guarda a Erzsébet de todo mal."

Los... son huecos que se dejan para colocar el nombre de la persona de la que Erzsébet quiere protegerse, toda escritura es de tinta especial (mezcla de sangre de topo y de algunas plantas venenosas).


 

Ilustración de Santiago Caruso


Hay un nombre que siempre figura en todos sus hechizos y maldiciones, y es el de Megyery que era pelirrojo, tutor de su hijo Pál. Se cree que Erzsébet le odia tanto porque él siempre supo que en la Condesa había algo oscuro, y que siempre aguardaba para demostrárselo a los demás. Aunque el más odiado era Megyery, hay otras dos personas a las que Erzsébet no soporta y suele evitar el trato, y cuando no tiene más remedio lo disfraza con una máscara de indiferencia y cordialidad obligada. Esas personas son su primo György Thurzó (quizás por su relación tempestuosa en el pasado) y su cuñada Kata, las tres personas odiadas tienen algo en común, saben o intuyen el lado oscuro de Erzsébet, lo que esta ve como una terrible amenaza.


Al hablar de torturas, no sé bien dónde empezar, a la Condesa no le falta imaginación y tiene formas muy variadas para matar, el objetivo es el mismo, si quiere permanecer joven debe bañarse en sangre de doncellas, pero no vale cualquiera, hay tres requisitos imprescindibles para que la sangre sirva. La muchacha debe ser guapa, saludable y virgen. Se sabe que Erzsébet las prefería de piel tostada y rubias, más que jóvenes, mató niñas, pues muchas tenían entre ocho y doce años, aunque también había decenas de adolescentes, ninguna superaba los dieciocho años.

Cuando empezó a atraer a muchachas, lo hacía "al azar" cumpliendo siempre los requisitos mencionados arriba, que vivían en las cercanías del castillo. Nada más entrar en el castillo ninguna duraba más de 4 días, algunas eran sacrificadas esa misma noche.

La Condesa practicaba sus horribles torturas allá donde iba, en todos sus castillos, y también en Viena, allí desde su juventud ya la temían pues habían oído gritos y visto sospechosas aguas rojizas alrededor de las mansiones de Erzsébet. A parte de Csejthe, tiene residencias en Podolié, Sárvár, Varannó, Pistyán. Léká... y un largo etc. Pues recordemos, ha heredado la mayor parte de las pertenencias de los Nádasdy, y Ferencz junto a su madre, compraron al casar éste, diecisiete castillos y aldeas. Erzsébet ha dado algunos castillos y bienes a hijas e hijo Pál, aún así, se ve obligada a vender algunas propiedades para seguir con su alto nivel de vida. En su residencia de Viena, la calle que estaba al lado, era llamada la calle de la sangre por los cubos que Jo Ilona y Dorkó lanzaban para limpiar. Habían un monasterio de Dominicos cerca que ya se habían dado cuenta de que algo no iba bien, y la gente en si ya empezaba a hablar, pues en Viena los gritos de desesperación y socorro retumbaban por las calles, Erzsébet decide coger sus "juguetes" e ir a otros castillos donde por mucho que griten, nadie escuchará a sus víctimas.


La Virgen de hierro:


Comienzo por esta tortura porque me parece la más impresionante de todas. La Condesa vio en Núremberg un autómata llamado "la Virgen de hierro", la Condesa quedó fascinada al ver este aparato de tortura y encargó en Alemania a un relojero una réplica con algunas modificaciones para su residencia en Viena. El modelo original se encontraba en el castillo Dolna Krupa, que pertenecía al duque de Brunswick.
La apariencia de el autómata es la siguiente: Una mujer de hierro más alta que una persona normal,  su "piel" está hecha de mallas metálicas, pintadas de color carne, que dejan entrever un complicado sistema de tuercas y engranajes en su interior. Desnuda, muy maquillada, con ojos mecánicos que se mueven, una boca  pintada con carmín, por medio de un mecanismo se torna en una sonrisa bobalicona y cruel, mostrando dientes humanos. Tiene una larga cabellera rubia que le sobrepasa la cintura, lleva un collar de piedras preciosas. Tiene los brazos elevados, semiabiertos, invitando al abrazo. La dama mecánica esta sobre un pedestal, en la parte de atrás hay un barreño al que están conectadas unas tuberías que van a parar al cuerpo de la máquina.

La Condesa se sienta y observa a la asustada muchacha, desnuda como el autómata, como curiosea el hermoso collar, al tocar la piedra más hermosa la muñeca se cierra en un violento abrazo, atrapando a su víctima, los pechos se abren y salen cinco cuchillos de cada seno, que terminan con la vida de la muchacha, la sangre caliente llega al barreño, la Condesa inmediatamente toma su baño de sangre...
Tocando otra piedra del collar los brazos vuelven a su sitio, el cadáver desangrado cae al suelo.

Es la única herramienta que usa para tomar baños de sangre, porque con el resto de torturas se untaba y frotaba con la sangre tibia (muerta no servía) sobre su cuerpo, fue en sus años finales cuando sí que comenzó a tomar baños de sangre.

La  Virgen de hierro fue trasladada desde la casa Harmish, en Viena, a Csejthe, en ese traslado fue reparada una única vez, y se dice que le añadieron detalles para hacerla aún más dañina.

Hay un rumor sobre el origen de los cabellos de la dama de hierro, en una ocasión Erzsébet tuvo una idea, había una muchacha que vivía a un mes de Ecsed, se decía que era rubia y extremadamente hermosa, muchos hablaban sobre su belleza. La Condesa que no soportaba la idea de que hubiera ninguna mujer más hermosa que ella, ofreció a la joven una excepcional oferta para que fuera su dama de compañía, la chica emocionada accedió y se puso en marcha en un larguísimo viaje de un mes, fue asesinada por Erzsébet la misma noche que llegó al castillo y se cree que sus hermosos cabellos rubios son los que lleva el juguete favorito de la Condesa, su autómata que, para fortuna de las jóvenes, no dura demasiado ya que el sistema de tuercas y engranajes es muy complicado y con la sangre se oxida enseguida, cuando se rompe no hay nadie que pueda arreglarlo (o su oscuro secreto saldría a la luz). 
Aunque Erzsébet adora este “juguete” se cansa pronto de él ya que no participa en la ejecución, algo aburrido para ella.



Muerte por agua:


Este método está destinado solamente a la diversión personal de la Condesa (eternamente aburrida), suele hacerlo en sus viajes y también lo emplea con las chicas que "casi" consiguen escapar. Puede considerarse una idea no muy pensada, más bien espontánea de la naturaleza oscura y cruel de la Condesa, a continuación os relato la primera vez que se produjo esta particular tortura:

Erzsébet se dirigía en carruaje a una boda, de noche, nevada, la Condesa estaba aburrida, medio dormida, esto no tardó en cambiar cuando Dorkó empujo a una muchacha que lloraba dentro del carruaje, Erzsébet comenzó a morderla con furia y a pellizcarla donde podía, la Condesa entró en trance y fue rodeada por sus sirvientas, la campesina aprovechó e intentó huir, salió de la carroza sin hacer ruido por la nieve, en cuanto se dieron cuenta encendieron las antorchas y fueron tras la muchacha que corría por el campo, no tardaron en alcanzarla y fue llevada ante Dorkó y Jó Ilona que la esperaban. Dorkó chillaba, pero la Condesa se le acercó y le susurró unas palabras al oído que hicieron que todo quedara en silencio. Fueron hacia el castillo de Ilava, cuando estaban muy cerca, los lacayos por orden de Erzsébet, fueron a sacar agua debajo del hielo de los fosos y entre los juncos secos. Jó Ilona le había arrancado la ropa a la joven, que tiritaba de pie, en el centro de un corro formado por los lacayos de Erzsébet con sus antorchas. Le echaron el agua por encima, que se congeló al instante sobre su cuerpo. La Condesa observada desde el interior de su carroza. La muchacha intentó moverse hacía el calor de las antorchas, volvieron a echarle agua. No cayó al suelo, era una estatua humana, muerta, de hielo. A través del hielo se veía su boca abierta y su mirada de desesperación.

La enterraron al borde del camino, en el campo, bajo la nieve. Hundieron un poco el cadáver en la tierra.

Erzsébet no quiso pasar de Ilava para esta ejecución, pues el siguiente pueblo era Bicse, y no se atrevía a cometer ningún crimen en los dominios de su temido primo Thurzó. La joven de Ilava fue la primera en morir de esta peculiar forma. Los siguientes inviernos en los lavanderos helados y los patios de los castillos de Erzsébet en Léká, Kérésztur y Csejthe se convirtieron en un entretenimiento corriente para la Condesa.


La jaula:


Se sabe con seguridad que este es uno de los instrumentos de tortura, junto con la doncella de hierro, que más gustan a la Condesa, cogió la idea en sus visitas a los sótanos de Viena que estaban llenos de artilugios de lo más macabro.

Una jaula con barrotes forrados de afilados pinchos tanto el suelo como los laterales, alta para que quepa una persona, pero a la vez estrecha que limita mucho los movimientos, se fuerza a la muchacha a entrar, Dorkó la arrastra de los pelos y encierra a la muchacha. Después elevan la jaula y comienza el ritual. Erzsébet de impoluto blanco, se sienta bajo la jaula, Dorkó con un atizador al rojo, golpea y quema a la prisionera que no puede evitar moverse y herirse más con cada movimiento, la sangre empieza a brotar, cada vez más cantidad, la Condesa disfruta de su particular lluvia de sangre hasta la última gota, entrando así en trance. En la sala hay dos metamorfosis, el vestido que era blanco ahora es completamente rojo, donde hubo una chica llena de vida ahora solo queda un cuerpo inerte.



Ilustración de Santiago Caruso


Otros tipos de torturas:


Erzsébet tenía otros métodos que mezclaba con los castigos que solía dar a las criadas. Entre ellos estaba azotar a las sirvientas, desgarrando la carne hasta llegar al hueso, si alguna seguía viva, Dorkó o Jó Ilona les cortaban las venas de los brazos con unas afiladas tijeras o simplemente Erzsébet las degollaba. Las jóvenes quedaban irreconocibles, pareciendo llagas humanas. También aplicaban atizadores enrojecidos a fuego, les cortaban los dedos con tijeras o cizallas, les pinchaban y hurgaban las llagas y heridas, las practicaban cortes con navajas, y si la Condesa se cansaba de escuchar los gritos, se les cosía la boca, si se desmallaban muy pronto, se les encendía entre las piernas un papel empapado en aceite. A menudo su vestido blanco se volvía rojo muy pronto y debía ir a sus aposentos a cambiarse y volver de nuevo con sus ritos y "entretenimientos" nocturnos.
Erzsébet gustaba mucho de participar, arrancando la carne en los lugares más sensibles con unas pinzas pequeñas de plata. También le encantaba hundir agujas en los lugares más dolorosos, cortar la piel de entre los dedos, desgarrar las comisuras de los labios cuando las desdichadas gritaban, aplicaba cucharas y planchas al rojo vivo en los pies, pechos y cualquier parte que se le antojara, y fustigaba con una ira que daba miedo, pues a menudo seguía dando azotes aún cuando la muchacha estaba muerta, Erzsébet gritaba "¡Más, todavía más, más fuerte!". Golpear a mutilar a cuerpos muertos era algo que hasta sus ayudantes veían llenos de terror.

En muchas ocasiones la Condesa no está convencida de que las torturadas estén muertas (si por ella fuera agonizarían durante meses) y para asegurarse, les introduce entre sus piernas un cirio ardiendo, desagarrándolas hasta llegar al vientre, es mejor no imaginar los gritos de dolor que lanzaban las desdichadas en sus momentos finales.

Un invento de Darvulia era sumergir a una muchacha en agua fría y dejarla en remojo toda la noche.

Aunque en sus inicios la bruja no quería matar, con el tiempo enseña a Erzsébet el sentido de matar y ver morir, cosa que a la Condesa le encanta.

Las muchachas permanecían encerradas en un subterráneo sin luz, donde no corría el aire, era común que murieran asfixiadas, además eran muchas y pasaban días o semanas sin comer, algunas eran torturadas y devueltas al calabozo, podían morir allí al desangrarse o simplemente de desnutrición y pasar días, rodeadas de sus compañeras aterrorizadas. A veces les daban de comer, a modo de tortura, la carne de sus compañeras muertas, y algunas eran obligadas a comer de su propia carne arrancada por la Condesa.

Con el tiempo le cogió el gusto y estas torturas no las hacían solo en el sótano, comentamos que en sus viajes tenía un maletín muy completo con todo tipo de instrumentos destinados a causar el mayor posible. También en medio de sus orgías femeninas (torturas incluidas) con sirvientas de su personal elección, su cuarto quedaba literalmente en un enorme charco de sangre, había que usar gran cantidad de ceniza para que la Condesa pudiera cruzar la habitación y llegar a la cama, llegado este punto era complicado ocultar el terrible olor de la sangre, la muerte y la putrefacción.

Para Erzsébet es muy importante, aún muy drogada, participar en los ritos. Con el tiempo se vuelve una experta en anatomía, sabiendo que arterias cortar para que las muchachas se desangren antes, y que otros sitios atacar para que lancen mayores gritos.

Hay algo terriblemente escabroso y desconcertante en el asunto del diario, ya que Erzsébet apuntaba los nombres y características de las muchachas que utilizaba para ritos de juventud o bien con muerte destacada, como por ejemplo, es rubia pero demasiado baja, o rubia y hermosa, sin embargo no estaban en esa lista las  jóvenes y niñas que mutilaba en sus viajes, muertes por agua, asfixia, desnutrición, cubiertas de miel abandonadas en el bosque de noche para que fueran comidas vivas por cualquier bestia...que eran decenas...aún así  en aquel diario había más de 600 nombres...


Continuará....





Bibliografía:






Valentine Penrose: La Condesa Sangrienta.
Ediciones Siruela, S.A. 1987, 1996, 2008.


Alejandra Pizarnik: La Condesa Sangrienta.
Libros del Zorro Rojo, 2009.



Javier García Sánchez: Ella, Drácula.
Editorial Planeta, S.A., 2006.


Imágenes procedentes de: wikipedia.org 
Ilustraciones procedentes de: http://galleries.santiagocaruso.com.ar/the-bloody-countess.html

jueves, 24 de marzo de 2011

Erzsébet Báthory 3ª Parte



Hola a tod@s otra semana más. Muchas gracias por visitar este blog dedicado a las curios@s de la historia.

Seguimos con la vida de Erzsébet Báthory, he terminado de repasar los tres libros que tengo sobre ella, aún me queda mucho por escribir, si bien normalmente detallo lo mejor que puedo a todos los personajes, esta merece una atención especial, muchísima información, toda ella aterradora e interesante.

Esta semana el texto es especialmente explícito y cruel en algunas partes.




Matrimonio:



Como comentamos la semana anterior, durante un tiempo Erzsébet Báthory estuvo sometida a una gran presión, constantemente la recordaban su deber de parir hijos cuanto antes mejor. Su suegra murió y no vio ninguna criatura, fue diez años después de casarse, a los 25 años. Se cree que durante todo ese tiempo, la Condesa evitó tener hijos, pero su marido logró convencerla.

En esos diez años de espera, la Condesa viajó a Viena y en algunas de las casas donde estuvo, más concretamente en los sótanos, debió coger ideas, como la doncella de hierro, para sus macabras torturas años más adelante. Uno de los lugares donde se alojaba, era la casa de Blutgasse. Existe también, un castillo en la frontera austrohúngara, en Forchtenstein. Cuando volvía Erzsébet de Viena, se detenía a veces, para una visita o un banquete en aquel antiguo castillo. No hay muchos muebles pero aún se conservan retratos, por un lado están los de la familia Nádasdy, entre ellos están Ferencz, sus padres Tomás y Orsolya Nádasdy (os mostré el retrato la semana pasada) y hay una dama que viste como Erzsébet pero que no se trata de ella, se piensa que puede ser la hermana de Ferencz, Kata Nádasdy (la misma forma de vestir se debe a que ambas fueron educadas por Orsolya, muy autoritaria en cuanto a apariencias, costumbres y modales) o incluso la mayor de sus hijas, Anna, pues a veces el cuadro va acompañado de este nombre.


Retratos Nádasdy:


Tomás Nádasdy, padre de Ferencz




Ferencz II Nádasdy, esposo de Erzsébet Báthory







    En   1652, detalle del rostro

En 1656
Ferencz Nádasdy III 1625-1671, nieto de Erzsébet, hijo de Pál Nádasdy.



                                                                          
                                                             
Esposa de Ferencz Nádasdy III, Anna Juliana de Esterházy,  retrato de 1656


En otra sala, reservada a los palatinos, se encuentran los variados retratos de la familia Báthory.

Ahí están los cuadros de: István, Segismundo con barba y sin ella, György Thurzó (palatino, primo político de Erzsébet, supuestamente tuvieron un escarceo), su mujer Erzsébet Czóbor; Gábor (Gabriel) Báthory (que había estado con Erzsébet también) le apodaban "El Nerón de los Siebenburgen". En un rincón está el cuadro pintado deprisa y corriendo, con la nariz mal acabada de Erzsébet Báthory, a la edad de 25 años, acaba de parir a Anna.

Retratos Báthory: 



György Thurzó, primo de Erzsébet

 

Gábor Báthory, primo de Erzsébet



Erzsébet Báthory con 25 primaveras




Cuando Erzsébet tuvo su primera hija en 1585, le pusieron el nombre de su abuela materna, Anna Báthory. En los nueve años siguientes, vinieron al mundo otras dos niñas llamadas  Orsolya, entre los años 89 y 92 aproximadamente, (llamada así como su abuela paterna) y Katerine (Catalina) Nádasdy en el año 1594, en honor a la hermana de Ferencz, por último, nació el ansiado varón, Pál (Pablo), en 1597 no se sabe si su nombre hacía honor a algún familiar.

Erzsébet como madre, se encargó únicamente de asegurar un buen porvenir a sus hijos, concertándoles matrimonios muy convenientes para su apellido, pero todos fueron educados por tutores y no vivieron mucho tiempo en el mismo sitio que su madre. Se dice que Erzsébet incluso tenía envidia de la belleza y juventud de sus hijas. También de las sirvientas, frecuentemente les espetaba que todas la tenían envidia, cuando en realidad era al contrario.

Cuando llegaron al mundo sus hijas, llegaron también sus terribles secuaces protagonistas también de esta terrible historia. Jó Ilona, nodriza de los hijos de Erzsébet, de apariencia muy robusta,  era obesa con las mejillas coloradas y Dorottya Szentes, mujer muy alta, malvada, cruel, fuerte como una bestia de carga, con la dentadura podrida, decían que tenía cara de nuez, tremendamente arrugada, ambas venían de Sárvár. Dorottya conocida como Dorkó, había sido llamada para dirigir el servicio de la pequeña Anna Nádasdy en la época de sus esponsales con Miklós Zrinyi, hijo de una familia casi tan antigua e ilustre como los Báthory desde 1066. Cuando Anna se fue a vivir a casa de sus suegros como era costumbre, Dorkó no fue con ella, se quedó con la Condesa ya que fascinaba a  Erzsébet su crueldad y experiencia en brujería (las cartas que escribe a su marido con hechizos, se los enseña siempre Dorkó).



Castillo de Sárvár



Erzsébet y Ferencz eran personas afines, teniendo mucho en común y pasando poco tiempo juntos, se puede decir que su matrimonio fue feliz, aunque ambos tenían amantes y cuando estaban separados no había ningún reparo porque se les viera en público. Hay constancia de que Erzsébet se divertía voluptuosamente con un tal Jezorlavy Istók, relata uno de los empleados de la Condesa años más tarde, aquel amante se marchó cuando se dio cuenta de las extrañas costumbres de la Condesa, como añadir a sus relaciones carnales criadas, golpearlas, morderlas y hasta estrangularlas, cosa que el descubriría horrorizado, dejando atrás incluso sus pertenencias personales.

Existió también una mujer misteriosa, a la que nadie pudo dar un nombre, que venía a ver a Erzsébet disfrazada de muchacho. Una sirvienta había dicho a dos hombres, que sin querer, había sorprendido a la Condesa, sola con aquella desconocida, torturando a una muchacha cuyos brazos estaban fuertemente atados y tan cubiertos de sangre que ya no se veían. Aquella desconocida no era Jó Ilona Kochiská, pues todas las criadas la conocían bien. La mujer que visitaba a la Condesa por la noche, vestida de hombre, parecía pertenecer a la alta sociedad. Se la vio varias veces y sus visitas siempre eran por sorpresa. Estos encuentros de produjeron cuando Erzsébet contaba con cuarenta y cinco años.

Había constancia de más amantes por parte de Erzsébet. Primero fue aquel que la dejó embarazada con catorce años, luego, después de casada tuvo escarceos con sirvientas y con sus primos Gábor y Segismundo. En cuestión de otros amantes masculinos  según dicen, había campesino al que hizo ennoblecer por el propio Ferencz Nádasdy, con aquel campesino daba paseos con su caballo favorito, de color negro, llamado Visar, tan hermoso que le habían ofrecido varias aldeas por él, pero nunca aceptó.
Después a su lista llegó Ladislao Bende, noble pero poco viril, que desapareció misteriosamente. Después tuvo aquella breve aventura entre los dos matrimonios de Thurzó. El último amante conocido fue el mencionado Jezorlavy Istók, que también desapareció misteriosamente.


Aun así, se sabe que solo eran amantes puntuales debido a la separación por muchos meses a causa de la guerra. Ferencz enseña a su mujer como hacer despertar de crisis o desmayos a sus sirvientas, haciéndolo él cuando interroga a enemigos torturados, impregna de aceite un papel y préndelo entre los dedos de los pies, le comenta. A Erzsébet imaginación no le falta y decide ponerlo en práctica y en un futuro, hacer una desagradable variante (en lugar de ponerlo entre los dedos de los pies, pondrá el papel entre las piernas de las muchachas cuando se desmayen a causa de su agonía).

Su suegra enseñó a Erzsébet la costumbre de escribir cartas cuando su marido estuviera fuera, al igual que ella había hecho con Tomás Nádasdy antaño.

Aquí una de las cartas escritas por Erzsébet:

A mi muy querido esposo, Su Excelencia Nádasdy Ferencz. A él pertenece esta carta.

Esposo mío muy amado, te escribo para hablarte de nuestras hijas. Gracias a dios se encuentran bien. Pero a Osik (también la llamaban Orsika, se referie a Orsolya) le duelen los ojos y a Kato (Katalin) los dientes. Yo estoy bien pero me duele la cabeza y los ojos también.

Dios te guarde. Te escribo desde Sárvár en el mes de Santiago (8 de julio) de 1596. V. Penrose, p. 89.

Con este tipo de notas, notamos lo manipuladora que es Erzsébet, bajo un disfraz de mujer sumisa y resignada, no siempre es así, en ocasiones las cartas contienen hechizos de brujería, que fascinan a Erzsébet y a los que es muy aficionada:


Golpea con un palo blanco una gallina pequeña negra hasta matarla. Pon un poco de su sangre sobre el enemigo. Si no está al alcance, pon la sangre en alguna ropa que le pertenezca. Ya no podrá causar daño. V. Penrose, p. 89




¿Cuando Erzsébet comienza a tener ideas demenciales y a torturar?:



Lo cierto es que como ya sabéis, Erzsébet fue extremadamente cruel desde siempre, cosa que ella veía con una naturalidad pasmosa, ella por ser de la realeza creía tener todo el derecho a tratar a su alrededor como se le antojara. En cuanto a su belleza, Erzsébet necesita como el respirar, estar rodeada de doncellas que alimenten su ego y le repitan sin parar lo hermosa que es. Se pasaba muchas horas al día frente a un espejo que ella misma había diseñado, con reposabrazos para no cansarse por muchas horas que estuviera delante.

Se cree que a raíz de un suceso en el bosque Erzsébet comenzó a ir más allá con la brujería y a empezar a probar hechizos a base de torturar a inocentes para parar los signos de la vejez y hacerla marchar. En el bosque ocurrió lo siguiente:

Paseando a caballo, cuando volvía a su castillo, la Condesa estaba acompañada por uno de sus admiradores, ambos vieron en el camino a una vieja muy arrugada. Erzsébet con saña había preguntado a su pareja "¿Qué dirías si te obligara a besar a esta vieja?". Él respondió que sería horrible. La vieja llena de furia se fue corriendo mientras gritaba "¡Condesa, dentro de poco estarás como yo!".

Erzsébet se tomó muy enserio su amenaza, que interpretó como una maldición y quedó estremecida, decidida a pagar cualquier precio para alejar la fealdad y la vejez, se acerca peligrosamente a la cincuentena.

El 4 de enero de 1604, Ferencz Nádasdy después de dedicar la mayor parte de su vida a luchar en la guerra contra los turcos, de ser llamado "El Caballero Negro" por su agresividad y su espesa barba y ojos negros, murió en Csejthe, a causa de una larga enfermedad que nunca se identificó, tenía 49 años. Cientos de cirios ardieron durante muchos días alrededor de su ataúd, para dar tiempo a que llegaran todos sus parientes a compartir el banquete fúnebre. Erzsébet se mostró rígida, con la mirada fija ante los visitantes que le hacían reverencias en silencio, frente a ella. Ferencz murió sin sospechar lo que eran en realidad su mujer, el simplemente estaba orgulloso de estar con alguien tan hermosa y bien conservada, ya que muchas damas nobles más jóvenes que ella la envidiaban, seguramente los tratamientos blanqueantes venenosos habían ayudado a conservar su preciada belleza.

A partir de ahí todo se tornó aún más oscuro, una extraña bestia se apoderó de Erzsébet, su crueldad sobrepasó todos los límites conocidos anteriormente.




Castigos a las damas de compañía y sirvientas:




A continuación relataré algunos de los castigos que daba Erzsébet a sus jóvenes sirvientas cuando según ella  no hacían el trabajo como ella quería, también eran castigadas si Dorkó o Jó Ilona lo creían necesario.

No se sabe exactamente desde que año, pero la Condesa en sus viajes acostumbraba a llevar un maletín con todo tipo de instrumentos, agujas, atizadores, tenazas, para remediar el aburrimiento que siempre sentía en sus viejas, a costa de la vida de la sirvienta que tuviera más a mano.

Cuando estaba en el castillo y sus sirvientas le cosían los trajes, la peinaban o vestían, todas sin excepción tenían auténtico terror a las represalias de la Condesa. Si tenía un buen día el castigo no iba más allá de seguir con las tareas pero sin ropa y a vista de otros sirvientes que solo podían bajar la cabeza para no ver la terrible escena, como la sirvienta en este caso, solo sufría de humillación y vergüenza, puede darse por afortunada.

Si la Condesa tenía un mal día, buscaba faltas donde no las había, y los castigos iban desde clavar alfileres en partes sensibles del cuerpo, debajo de los dedos, abrir la boca a las sirvientas con los dedos hasta romper las comisuras...en una ocasión no le gustó el calzado que le pusieron, no le pareció cómodo, como castigo cogió una plancha al rojo vivo y la estampó sobre los pies descalzos de la sirvienta que la había importunado gritando: "¡Ahora tu también tienes unos bonitos zapatos con las suelas encarnadas!".
Las zonas donde atizaba la plancha a veces variaban, podían ser los pies, el pecho, la cara...

También le encantaba atar a un árbol a las muchachas que habían robado cualquier tontería, dejarlas al sol llenas de miel para que les picaran todo tipo de insectos y en ocasiones dejarlas de noche en el bosque para que fueran devoradas por los lobos.

A pesar de todo, para la época eran castigos "normales" en cuanto a crueldad, quizás no muy común el desnudar a las muchachas y hacerlas trabajar, pero debemos suponer que se debe al morbo y bisexualidad de la Condesa.




La llegada de Darvulia:




A raíz de la muerte de su marido, y de la maldición que según ella, le lanzó aquella horrible vieja, Erzsébet reclamó en su castillo a una "criatura" por llamarla de alguna manera, que siempre desde lejos, la había estado observando.

Nadie la conocía, era la "bruja del bosque". Bruja desde siempre, se dedicaba a echar a perder las cosechas. Su nombre era Anna pero no se sabe el por qué, había escogido que la llamaran Darvulia. Era muy vieja, irascible y despiadada, alguien verdaderamente aterrador.
Tras la llegaba al castillo de esta vieja bruja, no hubo más que llantos y discusiones.
Al principio hacían hechizos dibujando círculos en el suelo y haciendo brebajes de algunas plantas.
Sucedió algo que decidió el destino de centenares de jóvenes niñas.


Un día mientras peinaban a Erzsébet, no dejaron ambos lados de su peinado por igual, uno estaba ligeramente más ahuecado que el otro, esto a la Condesa le pareció una gran falta y propinó un fuerte bofetón a la sirvienta que la peinaba, con la mala fortuna de que la sangre de su nariz, además de salpicar su ropa, salpicó también su mano. El resto de sirvientas se dieron muchísimas prisa en limpiar la sangre, pero era tarde, a Erzsébet le pareció bien, que en la zona de su mano donde había caído la sangre, la piel se veía más blanca, joven y llena de vida, preguntó a Darvulia si eso podía ser. Esta naturalmente le contestó que había dado en el clavo y esa era la receta para hacer marchar la vejez y la muerte. A partir de ahí comenzó la cacería, las torturas y la realidad de pesadilla....





Continuará.....




Bibliografía:




Valentine Penrose: La Condesa Sangrienta.
Ediciones Siruela, S.A. 1987, 1996, 2008.


Alejandra Pizarnik: La Condesa Sangrienta.
Libros del Zorro Rojo, 2009.

Imágenes procedentes de: wikipedia.org


jueves, 17 de marzo de 2011

Erzsébet Báthory 2ª Parte



Hola! Como novedad esta semana he agregado a la web en la parte derecha una "Caja de música", de momento solo hay ocho canciones y me ha costado decidirme porque no sé muy bien con tanta diversidad de épocas, que música sería adecuada, lo que sí que tengo claro es que todas serán instrumentales para hacer más amena y sencilla la lectura. Una de las canciones creo que le va especialmente bien a este personaje, y es la canción de apertura de Sweeney Todd.

Esta semana seguimos con la vida de la Condesa Sangrienta, y he editado el artículo anterior, agregando una parte llamada "Rebeldía antes de la boda".

La próxima semana publicaré detalladamente como empieza Erzsébet a llevar su locura al extremo, diferentes torturas detalladas, las secuaces que la acompañaban etc.

Buscando un buen rato conseguí encontrar un retrato que se describe en el libro de Valentine Penrose, la calidad de la imagen no es muy buena, pero al menos podemos hacernos una idea de cómo fue la suegra de Erzsébet, Orsolya Nádasdy.


Vida en Csejthe:


Como comenté anteriormente, la familia Nádasdy compró el castillo de Csejthe para que los recién casados vivieran allí. Aquel castillo era más bien pequeño, sólido para resistir a las guerras, aunque carece totalmente de cualquier comodidad.
Los cimientos eran de antes del siglo XIV y los subterráneos formaban un terrorífico laberinto.



Castillo de Csejthe en aquella época

En ese castillo se instaló la joven Erzsébet con dos damas de honor escogidas por su suegra, sus sirvientas y Orsolya Nádasdy.




Orsolya Nádasdy 
(Único retrato conocido. Según nos cuenta Penrose, no es pelirroja, 
lo que lleva cubriendo su cabeza es una tela,
su extrema palidez se debe a que estaba gravemente enferma.)


No había mucho por hacer: Ferencz se había vuelto a ir a la guerra y ella sabía que su deber era darle hijos.
Aunque a pesar de las apasionadas noches en Varannó, solo podía negar con la cabeza cuando su suegra le hacía preguntas sobre si estaba embarazada. No le gustaba ni pizca ser vista sólo como una hembra para parir.
Daba vueltas por el castillo, no se interesaba por nada, no podía maquillarse pues su suegra lo vería con malos ojos y se aburría muchísimo.

"Se aburría siempre", escribe Turóczi. Aunque Orsolya la había enseñado a leer y escribir en alemán, húngaro y latín (como había hecho con ella tiempo atrás Tomás Nádasdy), allí no llegaban a penas libros, y los que llegaban eran de salmos, sermones o penitencias. En esa época empezó a tener la manía de cambiar de joyas y vestidos seis veces al día (a veces más) para combatir su enorme aburrimiento, poniéndose uno tras otro todos los vestidos que tenía.


Cuando Ferencz volvía eventualmente, lo recibía con todos los honores y le rogaba que la distrajera, pero Orsolya estaba enferma y reclamaba su nuera a su lado. Aunque ella con sus dolores de cabeza también tenía su cruz, los sufría frecuentemente y se rodeaba de sirvientas que le daban drogas, pociones, filtros para sanarle la cabeza o le hacían respirar pomas de belladona para dormir el dolor. Todos pensaban que cuando llegara su primer hijo se le pasaría, así que también la rodearon de talismanes y amuletos para mejorar la concepción. 
Su suegra la miraba con tristeza, pues Erzsébet nunca le daba la tan ansiada noticia, ésta, con rabia se volvía a su cuarto y pagaba su frustración con las sirvientas que tuviera a mano, pinchándolas con alfileres, acto seguido presa de una de las frecuentes crisis de los Báthory, se tiraba en la cama y se revolcaba con ira, también hacía llamar a las sirvientas para ser abrazaba y las mordía (la misma costumbre que tiene cuando sufre jaquecas), los gritos hacen que sus males se apacigüen, sean de origen físico o interno.


Orsolya Nádasdy Kanizsay murió consciente de haber labrado la felicidad de su hijo, habiendo moldeado para él, con gran trabajo y esfuerzo, una esposa hermosa y "buena", pero sentía una gran decepción por no haber tenido a ningún nieto entre sus brazos. He leído en algunos sitios que la fecha de la muerte data de 1571, pero no tiene sentido ya que Erzsébet tendría 11 años y acababa de ser prometida a Ferencz, se sabe con certeza que suegra y nuera convivieron en Csejthe después del matrimonio celebrado el ocho de mayo de 1575, así que la fecha real de la muerte podría ser de finales de ese mismo aproximadamente.


Al morir su suegra, Erzsébet volvió de nuevo a su amada Viena, Ferencz la dejaba allí mientras marchaba de nuevo a la guerra. El emperador Maximiliano II la tenía bastante cariño y parecía comprenderla, y le gustaban aún más sus rasgos a la española, también compartían gustos por la magia.
Erzsébet tenía unos veinte años e iba a bailar a la corte, a pesar de su belleza la gente retrocedía cuando la veían pasar, con su mirada ausente.


Ferencz la había pedido que cuando el volviera de la guerra, no le hablara de sus historias de sirvientas. Había aceptado como naturales sus métodos, había que ser autoritario para dirigir un hogar.
Ya vio con sus propios ojos cómo meses antes y le pareció gracioso: En el jardín estaba una de sus  jóvenes parientes llorando, atada a un árbol, desnuda, untada en miel a pleno sol, siendo picada por numerosas abejas y hormigas. Erzsébet comentó indignada que había robado una fruta de aquel árbol.
También conocía bien las manías de su esposa de clavar alfileres a las sirvientas y morderlas salvajemente, pero a él le daba igual puesto que cuando estaba él, su mujer era hermosa, dulce y servicial como toda buena ama de casa.


Antecedentes e influencias familiares:


Podríamos decir que Erzsébet Báthory estaba "maldita" por su apellido, ya que poseerlo implica una mezcla de sangre peligrosa, que como comentamos anteriormente, derivaba en que toda la familia sufría una extrema lujuria, ataques epilépticos, jaquecas y en general locura, cada uno a su manera.


István (Esteban), el hermano de Erzsébet, es un sádico y un ladrón, incluso en aquellos tiempos escandalizaba a la gente, murió sin descendencia. Su tío, de mismo nombre, príncipe de Transilvania, estaba tan mal de la cabeza que en pleno verano se hacía vestir, o más bien forrar, de pieles y le gustaba deslizarse por las calles llenas de arena, en trineo, como si fuera nieve, el pobre confundía el invierno con el verano.



Esteban Báthory, tío de Erzsébet


Un primo de la rama Somlyó, llamado Gábor (según cuentan no se le resistía ninguna mujer) eligió a la única que estaba prohibida, su hermana Anna, y repitió el incesto numerosas veces con ella, que le correspondía. De la relación incestuosa nacieron dos hijas, que por problemas de sangre murieron temprano con nueve y doce años respectivamente. También se rumoreaba que mantenía una relación amorosa con la propia Erzsébet. Aquel Gábor murió asesinado en las montañas.
Otro tío llamado también Gábor que vivía en Ecsed, decía que tenía el demonio metido en el cuerpo, sufría auténticas crisis de posesión en las cuales se arrastraba por el suelo y mordía (a los Báthory les encanta morder por lo que se lee de todos ellos).


Una de las familiares más célebres fue la tía paterna de Erzsébet, Klára Báthory, hija de András IV, que tuvo cuatro maridos y se volvió "indigna" del apellido Báthory.
Dicen que hizo morir a sus primeros esposos, con certeza de sabe que mandó asfixiar al segundo de ellos mientras dormía en su cama. Los siguientes fueron Johán Betko y Valentín Benkó de Paly. 
Le encantaban las relaciones lésbicas tanto como las que mantenía con sus numerosos amantes (se cree que también asesinó a algunos, pero no hay constancia fiable sobre esto).
Al final encontró un amante mucho más joven que ella, al que regaló un castillo, aunque la cosa terminó muy mal.
Los dos fueron capturados por un pachá, al amante lo ensartaron en un espetón y lo asaron, a ella la violó todo el pelotón turco, pero no murió por eso, la apuñalaron al terminar. Como podéis imaginar, Klára fue una gran influencia para Erzsébet, ella siempre buscaba su compañía y le encantaba que su tía fuera a visitarla, se cree también que gracias a ella surgieron en su cabeza las ideas de probar la bisexualidad y que lo mejor de los amantes no es esconderse, sino exhibirlos en público.



Segismundo Báthory, primo de Erzsébet



Segismundo Báthory, rey de Transilvania en 1595, primo de Erzsébet, destacó por sus locuras y hacerle la vida imposible tanto a sus súbditos como a su pobre esposa. Se rumorea que tuvo relaciones con su prima no mucho tiempo después que esta se casara.
Vendió Transilvania a Rodolfo II, después a los turcos, donó su reino a su primo András Báthory para quitárselo rápidamente. Se casó con María Cristina, princesa de Austria el 6 de agosto de 1595, para así mejorar su alianza con la Casa de Austria. Lo malo era que su mujer le repugnaba hasta tal punto que según él, solo podía aullar cada vez que la veía, llegó a declararse impotente (suponemos para evitar cualquier tipo de roce con su esposa). Cada noche veía a su alrededor fantasmas que su mujer no distinguía por ninguna parte. Al final huyó a Polonia lejos de su esposa, el destino de María Cristina fue cruel, ya que por culpa de su esposo fue encerrada para el resto de sus días en un convento de clausura, sin posibilidad de amar a nadie.



María Cristina de Habsburgo, esposa de Segismundo




András Báthory, primo de Erzsébet


El primo de Erzsébet, mencionado arriba, András Báthory, que accedió durante un breve periodo de tiempo a ser rey de Transilvania, tuvo una muerte horrible. Lo asesinaron a hachazos en un glaciar. Encontraron su cabeza cortada, se le cosió al cuerpo, y lo expusieron con una gran ceremonia, rodeado el cuello por un lienzo en la iglesia de Gyulalehervár.

Ante estos antecedentes familiares resulta difícil destacar en la historia, Erzsébet los supera y lo consigue sin esfuerzo (aunque no es algo que sea precisamente bueno o digno de admiración).

La Condesa se muestra siempre orgullosa de su apellido y sus influencias, en su juventud amenazaba al que le llevara la contraria con que su primo Segismundo pondrá las cosas en su sitio cuando Erzsébet se acercaba a la cuarentena cambió en sus amenazas el nombre de su primo Segismundo por el de Gábor.



Continuará....




Bibliografía:



Alejandra Vallejo-Nágera: Locos de la historia.
La Esfera de los Libros, S.L. 2007.


Valentine Penrose: La Condesa Sangrienta.
Ediciones Siruela, S.A. 1987, 1996, 2008.


Alejandra Pizarnik: La Condesa Sangrienta.
Libros del Zorro Rojo, 2009.

Imágenes procedentes de: wikipedia.org


http://www.bathory.org/